Cuando éramos niños, mi hermano menor y yo teníamos un juego de palabras para cada una de las veces que nos despedíamos y dejábamos de vernos largos periodos de tiempo. “¿Dónde estarás?” me preguntaba. Yo le respondía “en tu mente y nos encontraremos en nuestro sueños”. Este intercambio corto pero significativo era suficiente para hacernos sentir en paz con la partida. Hasta el día de hoy, tanto él como el resto de mis hermanos saben que los pienso de la misma forma que ellos me piensan.
La capacidad para intuir la presencia de la mente de uno en la mente de los demás es una habilidad exclusivamente humana, pues ningún otro animal o primate puede siquiera soñar con lograrlo. En efecto, es a través de la experiencia subjetiva que sabemos de la existencia de la mente, no observable, intangible pero muy presente. Precisamente esa capacidad para atribuir estados mentales, creencias, intenciones y deseos a aquéllos que nos rodean – aspecto básico de la interacción social – es conocido en psicología como Teoría de la Mente. La Teoría de la Mente constituye el andamiaje de la Mentalización, un concepto abstracto surgido por primera vez en la teoría psicoanalítica durante los años sesentas en Inglaterra.
La Mentalización es la capacidad humana para comprender e interpretar el comportamiento ajeno con base en el reconocimiento de sus estados mentales (deseos, intenciones, creencias y sentimientos). La Teoría de la Mente está en la base de la Mentalización, pues para interpretar los estados mentales de los demás debemos, en primer lugar, ser capaces de percibir sus mentes y estar seguros que comparten una experiencia interna similar a la nuestra; aunque no podamos verla, podemos saber que existe.
Tomaré un ejemplo (del Dr. Daniel Stern) para ilustrar la experiencia de interpretar la mente ajena; seguramente muchos de ustedes lo han experimentado al enamorarse de alguien o con alguna persona cercana a ustedes. La formula es “Yo sé que tú sabes que yo sé.” ¡Lo sé, lo sé, es un poco complicado! Sin embargo cuando sucede y ambos se dan cuenta del lugar que ocupan en la mente del otro el sentimiento es sumamente agradable.
Simon Baron-Cohen (casualmente relacionado con Sacha Baron-Cohen), Peter Fonagy y Mary Target son algunas de las personas que proponen el modelo de la Mentalización. En décadas recientes, conforme nuestro conocimiento del concepto se profundiza, hemos aprendido que no todas las personas mentalizan de la misma manera. Algunos investigadores han encontrado un nombre para la medida de la Mentalización: Función Reflectiva (FR). FR típicamente se mide a través de la codificación de narrativas de adultos, los cuales al describir sus relaciones personales nos dicen también cuánto perciben, entienden e interpretan sus mentes. Fundamentalmente, las narrativas nos dicen cómo los adultos forman una idea de sí mismos basados en interpretaciones de la mente ajena.
En circunstancias ideales, el inicio de la Mentalización se establece cuando un bebé tiene adultos alrededor que básicamente “leen su mente” y atribuyen estados mentales a su comportamiento de manera correcta. En otras palabras, saben si tiene hambre, si está triste, molesta, etc. Al hacerlo, el bebé aprende no sólo a entenderse a sí mismo sino también a saber que estos estados mentales existen en los demás. No obstante, cuando esta habilidad para percibir e interpretar los estados mentales no está presente en los padres porque sus cuidadores no eran muy buenos para hacerlo o porque el bebé carece de la base neuronal para hacerlo – como en casos de autismo – la Mentalización no será lograda fácilmente.
A pesar de que la investigación sobre la Mentalización ha sido fértil en años recientes, aún quedan numerosas incógnitas en ese campo. Por ejemplo, sabemos que la capacidad para mentalizar depende en buena medida de experiencias durante la infancia. Sabemos también que esta capacidad puede expandirse significativamente por medio de experiencias como la psicoterapia o la maternidad. Asimismo, las personas que tienen bien desarrollada la habilidad para mentalizar tienen relaciones más profundas y significativas, y tienen mayor capacidad para enfrentar los traumas. Sin embargo, sabemos poco acerca de la relación entre la inteligencia y la habilidad para mentalizar. ¿Acaso las personas inteligentes mentalizan a los demás con mayor facilidad? De ser cierto, ¿por qué existen tantas personas inteligentes incapaces de lograr relaciones significativas y gratificantes? El vínculo no es tan sencillo y la Mentalización es probablemente más profunda y distinta de la inteligencia y, por lo tanto, digna de ser explorada.
Dado que no es algo que normalmente expresamos en palabras aunque constantemente lo percibimos, saber cómo existimos en las mentes de los otros es una cuestión sumamente misteriosa y fascinante. Probablemente me creerían loca si les preguntara “No sabemos mucho el uno sobre el otro pero ¿tienes un espacio en tu mente para mi?” Sin embargo, cuando fui el otro día a un supermercado cercano el gerente me comentó que había ordenado un café orgánico de México pensando que me gustaría. En ese momento supe que me había tenido en mente. Muy probablemente lo hizo para hacerme comprar más café en su tienda, pero había pensado en mi identidad y en mi preferencia por los productos orgánicos cuando hizo el pedido. Mentalizar no es un proceso exclusivo de las relaciones íntimas aunque es muy significativo saber que ocupamos un lugar en la mente de nuestros seres queridos. ¡Hasta la próxima! Mientras los invito a pensar en las personas que los rodean y en sus mentes, ¿tienen un lugar para ustedes? ¿Tienen ustedes un lugar para ellos?
Copyright de la imagen: http://static.rateyourmusic.com/album_images/b5353dfead1d892c8dd690364be...