El día de hoy compartiré para este espacio algunas reflexiones que hice de la película El árbol de la vida dirigida por Terrence Malick; estrenada el segundo semestre del año pasado y ganadora de la Palme d’Or del festival de Cannes en su edición del 2011.
A pesar de que la película fue clasificada por muchos como lenta, aburrida y con falta de coherencia por una escena, aproximadamente la mitad, donde se ven planetas, polvo estelar, lava, tierra en movimiento y unos dinosaurios; yo la considero llena de sentido y no es más que otro elemento que nos reafirma la gran capacidad de Malick para grabar poesía.
La película empieza explicando que existen dos maneras en las que las monjas (concepto también válido para la autoridad o a los maestros) les han enseñado a vivir a las personas. El camino de la Gracia y el camino de la Naturaleza, que son polos opuestos de una dicotomía irreconciliable.
En este sentido, cuando llega el momento en que el hijo de los protagonistas, Jessica Chastain y Brad Pitt, muere en la Guerra de Corea (aunque nunca se afirma que la muerte se da en esa época, las interpretaciones parecen ponerse de acuerdo en ese punto), la primera, en una reflexión, le pregunta a Dios qué es lo que somos. Malick, tomando el papel de creador, le contesta a la audiencia en dos partes: 1) Diciendo qué es lo que somos por naturaleza, una respuesta auténticamente secular y; 2) Argumentando qué es lo que somos de acuerdo a la Gracia (modos sociales que están marcados inherentemente por prácticas religiosas).
El camino de la naturaleza.
Es aquí donde tiene lugar la escena de los planetas y los dinosaurios que la mayoría critica en la película. Sin embargo, si la ubicamos dentro del contexto de la primera respuesta, qué es lo que somos por Naturaleza, de pronto esa escena se llena de sentido.
En efecto, lo que somos para Malick por Naturaleza es polvo de estrellas, evolución, lucha constante y, lo más importante, compasión. Si recapitulamos la escena podemos ver cómo comienza con polvo de estrellas que se va acumulando hasta hacer explosión, posteriormente se van formando los cuerpos celestes. Dentro de éstos, se encuentra la tierra, en la cual existe un proceso álgido de transformación marcada por la formación de los continentes; de pronto vemos a una especie de pez que es devorado por otro, observamos una especie de reptil que sale de la tierra y, en el momento menos esperado aparecen dos dinosaurios, uno tirado y otro apoyando su pata sobre el cuello del otro. De pronto, el dinosaurio dominante observa al otro, y en un acto de compasión, retira su pata y se va.
Este momento nos dicta de manera magistral la compasión que tiene el ser humano por Naturaleza, es decir, marca el hecho de que además de ser polvo de estrellas somos una suerte de conmiseración.
El camino de la Gracia.
Una vez acabada esta escena regresamos a los protagonistas y la educación que le dan sus hijos. Es aquí cuando viene la parte más crítica de la obra y, con ella, la respuesta a la segunda pregunta, lo que somos de acuerdo a la Gracia.
Ésta se encuentra llena de vicios, defectos, aberraciones y deficiencias. Esto nos lo muestra la absurda autoridad del padre que deriva, en un inicio, en una suerte de miedo por parte de sus hijos hacia su figura, pero que posteriormente evoluciona hacia un odio y una rebeldía absurda ante éste.
Otro ejemplo se puede observar en la perfecta delimitación hacia la propiedad privada que está señalada en la escena en que el padre, en un momento que está jugando con el hijo, le deja muy claro que no puede sobrepasar una línea determinada porque más allá de ésta, la tierra es propiedad de otra persona; conforme las escenas avanzan y se enfoca la otra propiedad, sólo vemos en los niños una especie de respeto que se enfunda en un gran miedo.
Por último, me gustaría señalar la escena cuando la madre le enseña al hijo, siempre viendo hacia el cielo, las bondades del señor. Esta idea seguramente permea al niño y le queda la idea de algo superior a nosotros que es capaz de organizar nuestra vida de acuerdo a su voluntad existe; idea que contraviene a la Naturaleza misma.
Siguiendo estos ejemplos, es claro que el mensaje de Terrence: el camino de la Gracia sólo puede llevar a los infortunios, a aberraciones y al sometimiento del humano frente a estructuras que sobrepasan su entendimiento.
La reconciliación de los opuestos.
Justo antes de que acabe la película el director nos deja un mensaje claro. En el mundo de los humanos las dos naturalezas conviven formando una especie de cosmogonía en la que éstas se complementan constantemente, pero se contradicen al mismo tiempo.
Esto queda claro en la escena en la que todos los personajes muertos se vuelven a rencontrar. La muerte siendo el elemento más seguro de la interpretación de la vida de acuerdo a la Naturaleza, se mezcla con una vida después de la muerte, elemento más fuerte de la vida de acuerdo a la Gracia, en una escena armónica que provoca la felicidad de los personajes atormentados y el asombro de la audiencia.
Con esta armonía se elucida que el árbol de la vida no es más que la síntesis de una vida dictada por la naturaleza, la semilla del árbol, con una vida dada por la Gracia, que podría ser equivalente a la forma de crecimiento del árbol. El Producto de éstas dos son las hojas, un verde que terminará siendo reproducido por la eternidad..