Todos tenemos una opinión sobre el cine de nuestro país. Desde esos pocos que cohabitan las entrañas de nuestro séptimo arte hasta los que lo desdeñan sin haber visto algo desde "Sexo, Pudor y Lágrimas" [1999]. Hay preguntas clave que no nos hemos hecho para abordar la esencia del cine mexicano; que no es un sustantivo con definición fría y rígida, sino un verbo en construcción. De voz pasiva o activa, en aspecto imperfectivo o con atributo copulativo, en tiempo pasado o presente -más lejos del futuro imperativo-; es un verbo en formación que casi nadie ha logrado conjugar.
¿Dónde el cine mexicano?
Da la impresión de que la respuesta está afuera de las fronteras del país. Los cineastas o actores que logran una carrera sólida salen más temprano que tarde de México y cosechan triunfos y reconocimiento en Europa, Asia o Estados Unidos. Profetas ex-tierra que deciden volver y apostar en casa o que regresan sólo por los aplausos pero que continúan confiando en otros países para levantar sus proyectos.
Hasta que no se resuelva, en todos los niveles - cultural, legal y social - la difusión de la obra local, México no será la respuesta para el cine mexicano.
¿Por qué el cine mexicano?
Razones para el cine mexicano sobran. Es un medio de expresión, una veta artística, que se ancló desde sus albores en nuestra patria. Somos referentes bajo la perspectiva histórica; tanto así que desde la URSS hasta los EUA, vinieron a plasmar nuestro bello y ecléctico paisaje en el celuloide.
El 'Indio' Fernández, Dolores del Río, Gabriel Figueroa, hasta de prestado a Luis Buñuel, son cada uno motivos claros para que nos apropiáramos de nuestro cine mexicano. Pero la verdad es que las generaciones de hoy sólo van al cine mexicano en busca de la facha: los nuevos galanes o princesas que tengan prestigio internacional y sabor azteca.
La forma de arte más popular y comerciable debería de ser una apuesta efectiva del Estado para desarrollar los contenidos pendientes de nuestra nación y así, darle cuerpo al colectivo heterogéneo que somos, rompiendo el esquema de élites o mafias del que vive el cine hoy en día.
¿Para qué el cine mexicano?
Para ser parte de un proyecto como nación. Para generar la identidad que no tenemos como país en este siglo. El cine mexicano tiende a desparramarse en direcciones bizarras porque no hay una guía, un alma que arrope y dirija todas las fuerzas creativas.
¿Por qué todos sabemos que las películas argentinas son cargadas de diálogo que profundiza en la textura y hace reales a los personajes? ¿Por qué todos esperamos ante una película coreana, sea cruda o cómica, un chispazo de poesía visual que nos saque del mundo terrenal de la historia? Porque son industrias que no nada más promueven la producción, sino se toman la molestia de apuntar hacia el reflejo verdadero de su país.
No señalo que tener una guía rígida sea la respuesta; pero a falta de un blanco, compensamos con pretensiones. La creciente camada de aspirantes a cineastas se denomina a sí misma a partir de los numerosos cocteles de premiéres y festivales o en los "grilla" que aspira a filmar lo-que-nadie-quiere-ver, nada-más-porque-sí. Sin una razón pertinente y clara, la facha pesa más que el contenido.
¿Quién el cine mexicano?
Los de siempre y sus amigos. Los nuevos talentos ó se unen a la mafia ó se quedan como figuras aisladas que brotan cada cierto número de años. Cobran su dosis de reconocimiento pero nunca se vuelven parte del ideario colectivo. Para estar del lado de IMCINE hay que graduarse con ellos o triunfar en los grandes festivales. Para estar del lado de los tres amigos, hay que hacer fila y esperar pacientemente a 'heredar' uno de los cargos vitalicios.
No es que sean rutas inválidas, al final ambas partes merecen mérito propio y apoyo de la audiencia mexicana. Es simplemente que una industria que quiere competir, no puede encallarse en una 'Y' en el primer trecho del camino; porque entonces nada más se recicla la industria, sin hallar crecimiento.
¿Cuándo el cine mexicano?
La respuesta correcta es hoy. La verdadera es que va de ayer a mañana saltándose el hoy. La parte de ayer son las glorias que tuvimos y que sólo valoramos por encimita. La parte de "mañana" es sólo mexicana porque promete tanto y tan mal como los políticos nacionales. La promesa está desarticulada y, para colmo, tiene lo peor de ambas partes: la burocracia lenta e ineficiente por el lado institucional, sumado a la ira de los que han tenido que sacrificarse para 'armarla'. Todo esto aderezado con la falta de fe innata del público mexicano (en su mayoría).
El cine mexicano tiene que ser menos homenajes que pasan de largo y promesas que empalagan y defraudan al mismo tiempo para ser más "ahora o nunca".
¿Cómo el cine mexicano?
Le regalo mi 'escaño' de escritor a quien conteste esta pregunta acertadamente y sin titubeos. Recién cumplidos los 105 años de cine mexicano, no hay nadie que haya podido jinetear la respuesta por más de unos años. No hay quien haya logrado no caerse de la silla, aunque sí lo han hecho unos con más gracia que otros.
Nadie sabe y nadie supo cómo se responde a tal cuestión, lo que nos lleva a otra pregunta: ¿cómo chingaos no? La respuesta a dicha duda la puede resolver hoy mismo en su cartelera de confianza, donde apachurrado entre pósters de mega-producciones gringas, usted encontrará un tomo, un ejemplo, una probadita más, de nuestro cine nacional.
El cine mexicano hace muchas cosas de maravilla, pero hay respuestas de fondo que no debemos pretender respondernos y menos en un corto plazo. México tiende a enraizar las malas costumbres, pero esta en nuestras manos salir adelante y beneficiar no sólo a la industria, sino a la identidad de una nación que tiene motivos de sobra para enorgullecerse.
Que si Susana Zabaleta es una de ellas... ...no sólo la respuesta, sino los motivos... los dejamos para otro día.