a. Hemingway: A pesar de no haber sido propenso a la teoría, es verificable la estrategia que decidió Ernest Hemingway para su literatura: que la palabra lleve a lo real sin consideraciones ni aplazamientos; que la palabra sea lo real, directamente. Por supuesto toda ficción necesita de verosimilitud. Pero en Hemingway la necesidad es obsesiva: en 1922, inmerso ya en la búsqueda, creó las narraciones breves que incorporó Ezra Pound a Inquest . De esa época escribió años después: “Yo estaba tratando de escribir en ese entonces y encontré que la mayor dificultad, aparte de saber de verdad lo que uno realmente siente, más que lo que uno debería sentir, y le han enseñado a sentir, era anotar lo que realmente sucedía en la acción; aquellas cosas que en efecto producían la emoción que uno experimentaba. Al escribir para un periódico uno cuenta lo que ha pasado y, por medio de un truco u otro, se comunica la emoción ayudado por el elemento de la inmediatez que le confiere cierta emoción a cualquier relato de algo ocurrido en ese día; pero la cosa real, la secuencia de movimientos y hechos que producían la emoción y que sería igual de valedera en un año o en diez años o, con suerte y si uno lo expresa con la suficiente pureza, para siempre, estaba más allá de mi alcance y yo estaba trabajando muy duro para alcanzarlo”. Lo consiguió más de una vez. Del esfuerzo brotó una narrativa que influyó en sucesivas. Y ya no hay por qué; ya no habrá nunca por qué; sólo hay este ahora . Tras divagar, Robert Jordan, el personaje principal de Por quién doblan las campanas , se regaña a sí mismo: “Deja de hacer literatura dudosa sobre los bereberes y los antiguos iberos y reconoce que has sentido placer en matar, como todos los que son soldados por gusto sienten a veces placer lo confiesen o no. A Anselmo no le gusta porque es un cazador y no un soldado. Pero no le idealices tampoco. Los cazadores matan a los animales y los soldados matan a los hombres. No te engañes a ti mismo. Y no hagas literatura”. Casi con las mismas palabras, pero con ironía, se expresa Augusto Monterroso en aquel texto impecable de Las moscas : “Pues a pesar tuyo harás literatura”. b. Ventana a Breverdece Entre las proclamaciones públicas que hizo el Señor Naoshige está referido: "Las decisiones importantes deben ser tomadas con ligereza". Ittei Ishida comenta: "Del mismo modo, los asuntos pequeños deben escudriñarse y resolverse con seriedad". Libro del Samurái