a. Defensa de la juventud en México
Asesinados en un centro de rehabilitación o en un bar o en un puesto de hot-dogs o en una carretera o en una escuela o en la calle de su casa: “No reviviremos. El velo de infamia nos cubrió los ojos. No soñaremos. El velo de corrupción nos destruyó. No podremos ser. El velo sin palabras ni razón nos arrancó ese derecho y no hay vuelta atrás, no la hay”.
Migrantes: “Caminamos a un país desconocido a ir olvidando nuestro idioma, a ir olvidando nuestra tierra. Si morimos en el camino, si nos fusilan, desaparecen, nos hacen prisioneros o deportan… ¿qué le haremos?, ¿quién dirá? Muchos no traemos ni el acta de nacimiento. Atrás, cada vez más lejos, quedaron las pruebas de quién somos”.
El suicida: “Dicen que el suicidio es el peor de los pecados. Yo sé que hay peores y en manos de quienes controlan el poder, el dinero, la palabra de Dios, la ley, las guerras. Son ellos y no yo quienes a diario imponen el infierno en este nuestro mundo. El verdadero infierno es real”.
Ninis: “Nos quieren enfilar en el ejército. Como les escandaliza cuántos somos, como no tienen la capacidad de ofrecernos trabajo y educación, han decidido que mejor sea matarnos”.
Drogadictos: “Habríamos sido músicos o arquitectos o ingenieros o empresarios o veterinarios o chefs o pilotos de avión o doctores. Lo seguimos intentando en la terca ilusión de sustancias que sólo nos precipitan más rápido al vacío”.
Embarazadas: “¿Pude haber estudiado una carrera, haber trabajado en lo que yo eligiera y en su momento cuidar a mi hijo y heredarle un futuro más seguro? ¿De qué película o cuento es eso?”.
El acosado: “Se construyeron las ciudades en contra mía. Se escribió la historia en contra mía. Parece que el peso del universo cayera sobre mí. Me ultrajaron. Me volvieron invisible”.
Quien busca trabajo: “No soy mujer delgada, de excelente perfil y con menos de veintitrés años. Tengo aptitudes que nada sirven a este sistema de apariencias”.
Hasta aquí, la juventud más vulnerable, más lastimada. En adelante, la juventud frente a sí misma.
Los indiferentes: “En el fondo no creemos ni queremos creer. Nos gana la pereza, el valemadrismo. Es lo mismo de siempre, ¿qué diferencia haríamos? Somos cómplices, mediocres cómplices del crimen”.
Los hippies/fresas/emos/cristianos/hipsters/cholos/etc: “Tenemos que identificarnos con un grupo o una apariencia para sentir seguridad. No somos libres; creemos lo que el resto cree. No queremos dar el paso a la individuación, allí donde somos auténticos y decidimos por nuestra propia inteligencia”.
Los intelectualoides: “Pensando seremos libres. Leyendo estos y otros libros seremos cultos. Por ahora nada somos, pues no aprendimos a sentir.”
El pedo: “Soy predecible, monótono, plano. Soy vano, completamente vano. En la próxima fiesta, en el próximo trago, me evadiré de ello”.
Revolucionarios: “Leemos periódicos, nos declaramos en contra de algo o de alguien, marchamos por las calles con banderas, mentamos madres, a veces rompemos vidrios. Somos la sombra de lo que odiamos por puro temor de ser la luz de lo que quisiéramos”.
El del gym: “El cerebro no es visible. ¿Para qué ejercitarlo?”.
El solitario: “Proclamo que no necesito cariño o cercanía de nadie. En realidad la imploro. Mi ego es grande y se sacia a sí mismo. Yo soy tan diminuto que puedo necesitarte”.
El cibernauta: “Face, youtube, chat, porno, foros, blogs, juegos. Así me entretengo. Sin embargo, el olor a tierra mojada, el cielo infinito o mi cuerpo no estarán nunca en la pantalla.”
El yogui: “Ya está dicho en el sutra. Que lo demás calle. Ya estoy meditando. Que lo demás calle. Ya estoy en paz. Que lo demás calle; me distrae, me contradice”.
Los violentos: “Si nos ofenden, ¿cómo no responder? Si no hacen lo que pedimos, ¿cómo no obligarlas? Si son maricas, ¿cómo no chingarlos? Si no lo hiciéramos tendríamos que pelear con nosotros mismos. Y ante ello somos demasiado débiles, demasiado putos y obedientes”.
El esnob: “Soy arte. La migaja del pan es poética. Tarantino es tan cool. Y Rothko... No iré más allá de mis certezas. No me entregaré al aire terrible y sagrado de la belleza”.
El moralino: “La vergüenza que siento frente al sexo es sólo una hipócrita manera de repudiar a los otros; me enfermo con ideas heredadas de la religión. Entre más me prohíbo el placer, más lo deseo”.
b. Imagen
Había omitido hacer un apunte, aunque fuera la mera cita, de la imagen que acompaña al escrito. A partir de ahora, para remediar este yerro, incluyo un cuarto apartado de estas notas tan dispersas.
Esta ocasión, he dispuesto una fotografía de mi propio acervo, que tomé en la plaza Minerva, en Guadalajara, en las horas del futbol, cuando el mundial de Sudáfrica y un fervor bastante amplio vuelve a creer en el país, aunque sea para que gane el partido. No son esas horas tan duraderas como quisiéramos, primero, porque México no tiene a Messi o a Iniesta (sí clembuterol), segundo, porque se acaba el teatro deportivo y ya no volvemos a mirarnos ni a mirar de esa manera, hasta el torneo que sigue, siempre en espera del milagro, del presidente que por fin no se corrompa, de la Virgen que reaparezca, del hijo que llegue un poco más lejos que los padres, de enviar forwards, de la buena suerte, de los precios que ojalá no suban mucho, del día que otra vez la paz nos reconforte y las calles se limpien de tanto dolor, tanta sangre. Mientras, el milagro aguarda en manos nuestras.
c. Ventana a Breverdece
Varias décadas antes de este 2011 de revueltas en España y de aquel 1968 que citábamos en la ventana anterior, Antonio Machado, oriundo de Sevilla, Andalucía, escribía de manera breve y sencilla algunas certezas que hoy son necesarias, vitales, quizás porque lo han sido siempre. La comprensión humana, los pactos que firma una sociedad, requieren de una comprensión elemental, de una emoción compartida y una razón por la cual todos hablar. De sus Nuevas Canciones:
“Para dialogar,
preguntad primero;
después… escuchad.”
“Poned atención:
un corazón solitario
no es un corazón”.
“Se miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
también la verdad se inventa”.
“Tras el vivir y el soñar,
está lo que más importa:
despertar”.
c. Hipertexto: ¿qué onda con Lars?
Se ha cuestionado -con razón- a Lars Von Trier, por sus declaraciones sobre Hitler y el nazismo, lo que le valió el tilde de “persona non grata” para el Festival de Cannes. No se pone en duda, con esto, la obra de Von Trier; ni siquiera si hubo dolo en sus palabras, que por lo demás resultan ambiguas, sin ningún sentido o coherencia. Lo que se ha de cuestionar es la manera simplona, con tanto desdén, acompañada incluso de risa, para proferir declaraciones a favor de un genocida en un recinto donde, de antemano, sus palabras tendrán impacto. Es como si el hecho de ser un artista (reconocido) lo desobligara de responsabilidad social, de ética y prudencia. Lo que se cuestiona es si el artista tiene responsabilidad con su sociedad o su quehacer es de una índole tal vez divina, o por lo menos inescrutable para el sentido común, que requiera de un lugar especial, apartado, un pedestal, digamos, que le permita delirar a sus anchas, sin que le molesten.
Avelina Lésper da en el clavo cuando critica y fustiga al artista como un “absolutista incuestionable”. Entiendo que se dirige al arte contemporáneo, en terreno de plástica, donde a veces se demuestra un desinterés del creador por su entorno, por su espectador, por el mundo en que vive; lo que se traduce en oscuras formas de expresión que poco comunican. Si se desea conocer más de lo que argumenta, en este sentido y otros véase su blog: www.avelinalesper.blogspot.com.
Herman Broch habla de que es “propio de la lógica del soldado tirarle a un enemigo una granada entre las piernas” así como es “propio de la lógica del pintor llevar hasta el límite y hasta las últimas consecuencias los principios pictóricos (…) aun a riesgo de que surja una pintura completamente esotérica sólo comprensible para aquel que la produjo”. Y concluye: “Todo esto viene determinado por el mismo radicalismo agresivo, por aquella falta de consideración espantosa que casi me atrevería a calificar de metafísica; viene determinado por aquella lógica cruel que sólo se centra en el objetivo y nada más que en el objetivo, sin mirar a derecha y a izquierda. ¡Ah!, todo esto es el estilo del pensamiento de esta época”.
BREVERDECE
No olvides que vivimos
en el país de los volcanes