Ya en una de los primeros párrafos escritos en Los Hijos de la Malinche confesé uno de mis lujos menos refinados: la literatura policiaca. Y es que, pensé, no sería justo comenzar mintiendo a los lectores que llegan aquí.
Después de escribir sobre Leonardo Padura me quedaron ganas de seguir hablando de esta pasión que se vuelve incontrolable. Me legitima Fernando Pessoa quien decía –y decía bien– que “una de las pocas diversiones intelectuales que aún le quedan a la humanidad es la lectura de novelas policiacas”. Y eso que Pessoa nunca conoció las de Paco Ignacio Taibo II…
El primer libro que leí de Taibo fue su biografía del Che Guevara. Me dijeron que era la más conocida y en una semana ya la había terminado. Como la de Pancho Villa, me pareció excelente. (Recuerdo que una vez se lo conté al presidente de El Colegio de México y me regañó por leer a esa clase de “historiadores”. Dijo: “si vas a mamar leche mama de la buena”).
Después pasaron algunos años y el nombre de Paco Ignacio Taibo II no volvió a aparecer en ningún libro hasta que en un viejo estante de librería reconocí al mismo autor de la biografía del Che pero ahora firmando nueve libros de novela policiaca.
Escritas hacía más de treinta años, aquellos nuevos libritos formados en hilera parecían destinados a encontrarse conmigo. Los compré todos. (Tal vez como acto de rebeldía frente al presidente del COLMEX). Así me enteré de la existencia del detective más famoso de la literatura mexicana: Héctor Belascoarán Shayne.
El lector, cualquiera que este sea, no podrá más que adorar a un personaje que “con dos apellidos exóticos, un diploma de ingeniero, un ojo menos que otros, una ex esposa, una ex amante y un título de detective privado producto de un curso tomado por correspondencia” se convierte en defensor de las causas más justas de la sociedad mexicana: la defensa de mujeres perseguidas, el apoyo a sindicatos minoritarios y…la persecución de estranguladores profesionales. Con él recorrerá el lector las calles del Centro Histórico de los años setenta donde Belascoarán Shayne tiene su oficina –con vistas al Eje Central– y resuelve todo tipo de ensalada de retos. La última de ellas la escribe Taibo a cuatro manos junto a un escritor que no demerita: El Subcomandante Marcos. ¿Puede un lector de novela policiaca perderse semejante combinación?
Cuando Paco Ignacio sale del país a impartir conferencias, se encuentra con que por todas partes del mundo, obreros, estudiantes y hasta ex presidentes confiesan su absoluta admiración al periodista, biógrafo[1] y escritor de novelas policiacas. En una época en donde la falta de referentes comunes volatilizan los objetivos, las novelas de un sencillo (que no simple) detective ayudan a cohesionar identidades comunes. No es raro, entonces, que aquellas conferencias literarias se conviertan de pronto en un mitin político. Y Taibo, claro, en su dirigente.
Las novelas de Paco Ignacio Taibo II no se detienen ahí. Como escribe Luis Hernández Navarro[2], la novela negra de Taibo es el contrapunto frente a la heroicidad de lo colectivo anónimo que indica el manual de la izquierda militante; es una expresión de la resistencia individual ética. Tal vez, la idea de la narrativa policial sólo sea un pretexto para ventilar el articulado sistema de corrupción y represión mexicano y, tal vez, la silueta del detective sólo sea un motivo para encontrarnos a nosotros mismos dentro del lado de “los justos de la historia”.
Por cierto, Taibo –como buen escritor– no deja de aprovechar la oportunidad que le da la literatura para ajustar cuentas “con los que le caen mal”. Sus enemigos pasan a ser, en sus novelas, los villanos, panistas, corruptos y empresarios abusivos. El nombre real, por supuesto, no lo cambia. Habrá pues, que tener cuidado con tratar bien a Héctor Belascoaren Shayne cuando se nos cruce por la calle si no queremos encontrar nuestro nombre y apellido encarnado, por ejemplo, en un gordo ex Secretario de Hacienda.
[1] Si el lector se interesa aún más en Taibo encontrará cincuenta y dos libros repartidos en casi quinientas ediciones y traducidos lo mismo al turco que al alemán, finlandés o ruso. Es, quizás, el escritor mexicano más leído en el mundo. Sí, sobre Octavio Paz, Carlos Fuentes y...Carlos Cuauhtémoc Sánchez.
[2] Luis Hernández Navarro, Sentido Contrario. México: La Jornada, 2007, p. 209.