Los Hijos de la Malinche encuentra su título e inspiración en el célebre texto del poeta mexicano Octavio Paz, un escrito de introspección sobre el ser mexicano y sobre un individuo en el intento por definir a su propia sociedad…un individuo universal. Por medio de la introspección nos percatamos de la libertad creativa y dialogamos con nuestras aspiraciones para acariciar la noción de lo distinto. Tenemos nuestros primeros acercamientos con la aceptación de una existencia efímera, pasajera. Nos sabemos obligados a mirar hacia el pasado y acechados por el presente y el futuro. Pero los acontecimientos son irrevocables y por ello hay que asumirlos como propios. Decirse indiferente en la juventud es una cacofonía, sobre todo cuando empezamos a recorrer los pliegues de la imaginación y nos adentramos en esa mente atemporal, que busca la trascendencia y, por lo tanto, se vuelve indisociable de la creatividad. El poder creativo define al hombre y lo cuestiona, es lo más cercano a un camino. Sin él, el rumbo del hombre es incierto y sus pasos por la vida son huellas anónimas que desaparecen. Sólo la pintura preguntará a las miradas a través de los siglos, sólo las palabras expresarán la inmutable armonía de nuestros mundos entrelazados, sólo el cine nos mostrará el poder esclavizante de la imagen, sólo la música fusionará al sentimiento con el sonido, sólo a través de la ciencia podremos vislumbrar los límites del pensamiento humano…sólo el reflejo de aquello que hemos imaginado perdurará.
México, diciembre de 2010