Les presentamos una entrevista exclusiva de Los Hijos de la Malinche con el Dr. Carlos Rozo, autor del libro Caos en el capitalismo financiero global editado por Océano. El Dr. Carlos Rozo obtuvo su licenciatura y maestría en Economía en la Universidad de Colorado, hizo una maestría en Estudios Europeos en la Universidad de Cambridge, obtuvo un doctorado en la UAM y realizó una especialización en Macroeconomic Management en la Universidad de Harvard. Actualmente es Profesor Distinguido de la Universidad Autónoma Metropolitana y miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel III.
1. Desde el título de su libro usted se refiera al caos en el capitalismo financiero exclusivamente, ¿no cree que sea una crisis general del capitalismo? ¿Acaso no hay diferencias sustanciales entre el capitalismo industrial del siglo XIX y el actual?
El concepto económico de crisis se refiere a desequilibrios entre la producción y el consumo en un contexto en el que el sector real de la economía, el que produce y distribuye bienes y servicios, es el centro de la actividad económica y lo financiero es subsidiario. En esta lógica lo financiero facilita el funcionamiento de la producción y el consumo, no tiene una vida propia. El titulo no niega esta crisis global pero ubica su raíz en el cambio que ha venido experimentando el sistema capitalista, al generar un desacoplamiento entre los sectores real y financiero de la economía en el cual la parte financiera impone las condiciones de su propia reproducción. Este desacoplamiento entre los sectores productivo y financiero, que ha permitido un funcionamiento más especulativo del sistema financiero, está en el centro de este desorden general del capitalismo.
2. Además del “fundamentalismo de mercado” que usted denuncia en su libro como una de las causas de la crisis financiera, ¿no cree que la corrupción de las élites económicas estadounidenses haya también sido decisiva para el colapso?
La corrupción tanto como la codicia son características que siempre han estado presentes en el actuar de las elites y en el funcionamiento del sistema económico; no por ello se ha vivido siempre en una crisis de la magnitud de la actual. Se vuelve necesario explicar, que es lo que intento en este libro, cómo las formas en que ha evolucionado el sistema a consecuencia de la desregulación y la innovación financiera crean condiciones que hacen insostenible la orientación especulativa que ha impregnado a la actividad financiera.
3. En Caos en el capitalismo financiero global usted afirma que una de las causas de la crisis fue la complejidad de las operaciones financieras, ¿es posible regresar a mecanismos financieros más simples?
La Reforma de Wall Street por medio de la Ley Dodd-Frank que el Congreso de Estados Unidos aprobó en julio de 2010 parecería confirmar que tal retorno no es posible. La propuesta original de la Administración Obama, en particular lo que se conoció como la “Regla Volcker”, se orientaba en tal dirección pero los intereses bancarios y el dinero que aceitó las actividades de cabildeo impidieron que ello ocurriera. La premisa de que los bancos son “demasiado grandes para quebrar” continúa en el centro del debate y tendrá que resolverse si se pretende evitar una repetición de esta crisis en un futuro no muy lejano. Las instituciones, como formas de hacer las cosas, no cambian simplemente porque haya quien quiera que cambien. Las instituciones cambian cuando las condiciones objetivas así lo requieran debido a que prevalecen sus efectos negativos. Este es el caso con la complejidad de la innovación financiera. Eventualmente se tendrá que regresar a mecanismos, si no más simples, sí menos especulativos.
4. Una de las propuestas en su libro es crear una institucionalidad financiera internacional, ¿podría explicarnos algunas de sus principales características? ¿Son viables si, como muestra el documental de Charles Ferguson Inside Job, los responsables de la crisis siguen impunes y en algunos casos conservan sus puestos?
Una institucionalidad financiera internacional no significa crear organismos multinacionales y supranacionales que administren y regulen a todos los actores financieros en todo el mundo. Tiene más que ver con la homogeneidad en la lógica de las regulaciones nacionales para que los capitales no puedan ejercer lo que se conoce como el arbitraje regulatorio; esto es, que los agentes financieros buscan ser regulados por aquellas instituciones que son más laxas en el ejercicio de su autoridad. La orientación en esta lógica regulatoria requiere enfatizar dos aspectos. Uno es la reducción en el tamaño de los bancos y el otro el establecimiento de límites a la capacidad de endeudamiento en que pueden incurrir.
5. ¿Suscribe usted la opinión de Dominique Strauss Kahn, ex presidente del Fondo Monetario Internacional? ¿Es preferible evitar una recaída en la recesión a enfrentar un exceso de deuda pública en el futuro?
Como siempre lo primero es lo primero y en este caso evitar un desplome total de la actividad económica causado por la crisis bancaria y financiera parecía lo prioritario y lo que parece ser el sentido del postulado de Strauss-Kahn. Lo inesperado de la situación es el comportamiento del sistema financiero que se asemeja al del perro que muerde a la mano que le da de comer.
6. ¿Esta crisis marca el fin de la hegemonía económica estadounidense?
No. Esta crisis hace evidente que Estados Unidos continua siendo el país hegemónico en lo financiero y que pretende mantener tal posición como lo demostró al hacer una reforma del sistema financiero que marcara el tono y el ritmo para el resto de las propuestas nacionales de reforma. Pero esta crisis también hace evidente que Estados Unidos no disfruta de una posición única y privilegiada. Los países emergentes se han proyectado como nuevos actores internacionales con capacidad de competir y de aportar a una nueva arquitectura económica mundial. Esta relación entre los países avanzados y los en desarrollo en un nivel de mayor igualdad pero también de mayor confrontación es un resultado nuevo pero positivo del caos.
7. ¿Sustituirá China a EUA como motor económico del mundo?
No. La magnitud de la economía china podrá sobrepasar a la economía de Estados Unidos en virtud de sus niveles de población pero eso no la convierte en motor de la economía mundial. La capacidad adquisitiva per cápita de los chinos equivale a un tercio de la de los estadounidenses y el yuan está lejos de poder substituir al dólar, además, no es algo que los chinos realmente deseen hacer. Ciertamente, el efecto china en la demanda mundial no puede ser menospreciado pero hay que considerar que su principal demanda es por productos primarios para poder resolver carencias de suministro interno.
8. ¿Qué opina del modelo económico chino a partir de las reformas de Deng Xiaoping?
Lo que China ha hecho es un ejemplo muy relevante para el mundo en desarrollo en el sentido de que no es una burda imitación de lo que hacen los países capitalistas desarrollados. La lección central es que el desarrollo requiere de instituciones propias a las condiciones de cada país que sean capaces de adaptar los cambios tecnológicos y organizacionales que difunde la globalización a las peculiaridades culturales e históricas locales. Más importante es reconocer, lo cual a menudo se olvida o se prefiere minimizar, que en China el mercado se supedita al estado, que la planeación económica es determinante para la operación del mercado y que al capital extranjero, que llega en grandes cantidades, se le imponen estrictas normas de comportamiento y funcionamiento en virtud de los requerimientos locales. Además, el éxito exportador de China responde a una política económica implementada hace más de una década de mayor atención al mercado interno por medio de forzar que las exportaciones redujeran el contenido de insumos importados para aumentar el valor agregado local exportado. Ello ha implicado dar más énfasis a un desarrollo científico y tecnológico propio. Tampoco hay que minimizar el hecho que el éxito económico se sustenta en el acotamiento de la democracia política.
9. ¿Cuáles serían, de manera muy general, los puntos que usted incluiría en un proyecto económico a largo plazo para México?
Un proyecto económico para México implica poner el acento en el desarrollo del mercado interno para lograr un grado mayor grado de autosuficiencia nacional. Si algo ha enseñado la actual situación de caos es que la dependencia de la economía mexicana en las empresas transnacionales que exportan a los Estados Unidos es insuficiente e insostenible como un modelo de desarrollo sostenido. Mucho menos lo es cuando las exportaciones que más crecen son las manufacturas que produce el sector maquilador, razón por la cual las exportaciones no inducen a altas tasas de crecimiento del producto pero si a altas tasas de importación de insumos. La principal limitante para impulsar el mercado interno es, por supuesto, la desigualdad en la distribución del ingreso como resultado de los bajos salarios que tiene la mayor parte de los trabajadores si se considera que el 60% de ellos apenas tienen ingresos equivalentes a cuatro salarios mínimos, lo que apenas es suficiente para adquirir una canasta básica. En consecuencia, el desarrollo de largo plazo sólo será posible con una política pública enteramente orientada a lograr una redistribución del ingreso que fortalezca la demanda agregada para que se fortalezca la oferta y consecuentemente se logren más altos niveles de crecimiento del producto. Esto tampoco podrá lograrse con un sistema financiero privado que apenas alcanza un nivel de crédito equivalente a 16% del PIB y cuya prioridad no es el financiamiento del sector productivo y con un sistema financiero público cada vez más exiguo. Se requiere fortalecer la banca de desarrollo que apoye el florecimiento del sector primario y actividades que impulsen la creación de empleos altamente relacionados con mejoras en la productividad. Estos objetivos no se logran por medio de políticas de libre mercado sino recurriendo a políticas industriales de nuevo cuño que favorezcan el espíritu empresarial, la innovación y el desarrollo sustentable.