Les presentamos una entrevista de Los Hijos de la Malinche al editor Joaquín Díez-Canedo, Director General del Fondo de Cultura Económica. Por medio de sus respuestas, Díez-Canedo nos invita a explorar la relación entre el Fondo de Cultura Económica y el siglo XX en México, así como la importante labor de edición, traducción y divulgación que el FCE ha llevado a cabo para constituir una de las editoriales más importantes del mundo en lengua española.
1.- ¿Cuál fue el propósito fundacional del Fondo de Cultura Económica? ¿Qué relación tiene su creación con la historia de México?
La idea original del Fondo fue la de traducir al español y publicar algunos libros indispensables para los estudios universitarios de economía, que por los años de fundación del FCE, 1934, empezaban a impartirse en México en grado de licenciatura. Era una época en la que en el país había mucho por hacer, entre otras cosas formar cuadros capacitados para tripular las instituciones financieras del país, el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, por ejemplo. Con este propósito colaboró el Fondo en sus inicios.
2.- Si bien el historiador Daniel Cosío Villegas en un inicio le dio al FCE un enfoque basado en Ciencias Sociales y Economía, la editorial se extendió hacia la literatura y las humanidades. ¿Cómo se dio ese giro y a qué se debió? ¿Cuál es la distribución por área del conocimiento de las publicaciones del Fondo?
La ampliación del catálogo del Fondo hacia las humanidades, primero y la literatura, más tarde, se debió a la cercanía e interés de los intelectuales mexicanos por la labor del Fondo, como Alfonso Reyes, por ejemplo, gran filólogo y helenista. En el 39, además, llegaron a México los primeros intelectuales españoles exiliados luego de la derrota de la Segunda República. Entre ellos había filósofos, sociólogos y críticos, como José Gaos, José Medina Echavarría y mi abuelo, respectivamente, que tuvieron también mucha cercanía con el Fondo —física, para empezar, pues el Fondo en sus inicios compartía edificio con la Casa de España, constituida para organizar las actividades docentes de los exiliados y que daría origen a los pocos años a El Colegio de México. De este fermento intelectual nacerían las iniciativas para ampliar el catálogo más allá de las ciencias sociales.
3.- ¿El acervo del Fondo incluye muchos libros clásicos en las diversas ramas del conocimiento, ¿cómo se decide la reedición de esos títulos?
Muchos de ellos nunca han dejado de reimprimirse, porque son parte permanente de la bibliografía universitaria: Economía y sociedad, de Weber, La rama dorada, de James Frazer, El ser y el tiempo, de Heidegger, o El laberinto de la soledad, de Paz, por ejemplo. En otros casos, la preservación y frecuentación del catálogo histórico favorece el rescate de otros títulos que por razones diversas han dejado de reimprimirse en el pasado y vuelven a lanzarse al mercado, a veces en nuevas ediciones.
4.- Célebres escritores mexicanos como Rulfo y Alí Chumacero han colaborado también en la labor editorial del FCE, ¿cuál cree usted que ha sido su legado en términos editoriales?
Rulfo no trabajó en el Fondo. Lo hicieron Arreola, Alatorre, Almela, Emmanuel Carballo; más tarde García Terrés, José Luis Martínez, Felipe Garrido, Adolfo Castañón, Gonzalo Celorio y muchos otros escritores colaboraron en La Gaceta del Fondo. Su legado es muy diverso: espléndidas traducciones, nuevas colecciones y una tradición de cuidado editorial, representada muy destacadamente por Alí Chumacero.
5.- ¿Cuál es la importancia del FCE para la lengua española?
Las traducciones del Fondo de muchos libros clásicos son las que se han usado en todos los países de habla hispana y en esa medida han sido estándares de calidad en la traducción e incluso han aportado vocablos a los léxicos especializados. Por otro lado, en sus colecciones de literatura se encuentra una representación muy importante de la literatura mexicana e hispanoamericana, especialmente del siglo XX, y en esas obras está la expresión del español en sus distintas variedades nacionales.
6.- ¿Cuáles considera usted que son las colecciones más importantes del FCE? ¿Cómo se determinó su contenido?
Todas son importantes. Están por un lado las que corresponden a disciplinas del conocimiento o áreas del saber, como Economía, Política y Derecho o Lengua y Estudios Literarios, por ejemplo; por otro lado, las de divulgación, como la Colección Popular, los Breviarios o La Ciencia para Todos; en tercer lugar, las literarias como Tierra Firme o Letras Mexicanas y junto con éstas la de literatura para niños y jóvenes, A la Orilla del Viento. Su apertura ha obedecido a distintas circunstancias; generalmente a la intención de cultivar una parte del público lector antes desatendida.
7.- El FCE tiene un acervo extenso de revistas literarias creadas en México, ¿nos podría mencionar algunas de ellas?
Se trata más bien de una colección de ediciones facsimilares hecha durante la gestión de José Luis Martinez, por iniciativa suya. Básicamente son las revistas publicadas en las décadas del 20 al 40, unas 25. Entre ellas Contemporáneos, que dio nombre al célebre grupo de escritores, El hijo pródigo y Taller, de Octavio Paz, El maestro, la revista que hizo en la SEP José Vasconcelos, etc.
8.- El FCE ha tenido también una política de expansión en América Latina y España, ¿cómo se ha llevado a cabo?
La política de expansión obedece a la percepción de que la lengua común constituye un solo gran mercado. Desde 1945, el Fondo puso una sucursal en Buenos Aires. Actualmente tiene casa en España, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela, Perú, Guatemala, Estados Unidos y Brasil. Todas las filiales distribuyen los libros del Fondo, algunas tienen además una o más librerías y otras un programa editorial propio. España, Chile, Perú, Guatemala y Colombia tienen distribución, librería y programa editorial.
9.- Usted pertenece a una familia muy importante en la historia editorial de México, ¿de qué manera ha influido su esa tradición en su carrera editorial, en especial ahora como director del FCE?
Hice mi carrera editorial con la enseñanza informal de mi padre, de quien soy homónimo y quien, además de trabajar en el Fondo desde 1942, a su llegada de España con el contingente de exiliados españoles, fundó luego la editorial Joaquín Mortiz. Él llegó a ser gerente general del Fondo, así que de cierta manera tengo la sensación de haber continuado su carrera aquí en el Fondo. Le debo, entre otras muchas cosas, el interés por todas las facetas del oficio editorial, que en un encargo como el que tengo es de gran ayuda.
10.- ¿Cuáles son los retos del FCE para el siglo XXI?
Mantener al día sus colecciones especializadas con obras nacionales y extranjeras; dar espacio a las letras mexicanas e hispanoamericanas actuales; incursionar en los nuevos soportes para la difusión del pensamiento y la creación, básicamente. Encontrar, en suma, cuál debe ser la forma presente de una institución resultado del permanente interés del Estado Mexicano por apoyar la creación y la discusión de las ideas en el país.