En su última contribución “Los indignados y el péndulo del capitalismo” Eynel Pilatowsky hace referencia a la expansión del movimiento de los indignados en términos causales. Está convencida de que la primavera árabe, que tilda de “movimiento mayoritariamente musulmán”, sembró el “espíritu de protesta democrática en el occidente cristiano”. Hace bien en constatar que hay una relación entre estos movimientos de protesta, sin embargo, exagera al insinuar que existe una relación causal.
No es un movimiento monolítico
Primero, el movimiento en el mundo árabe no es monolítico, ni dentro de las fronteras nacionales, ni dentro del área que compone. Se trata de varios movimientos que no se identifican principalmente por medio de la religión, sino que los hechos que desencadenaron las protestas se basaron en un malestar social y económico. A lo largo de la última década este descontento ya había sido expresado continuamente por medio de paros y protestas en muchos de los países de la región. El carácter de éstos tampoco estaba siempre ligado a reivindicaciones políticas, como destaca un informe de Carnegie Endowment de enero de 2011. Sobre todo en el caso de Egipto los involucrados en las protestas precursoras, a las de finales de 2010 y principios de 2011, evitaron incluir reivindicaciones políticas y rechazaron la involucración activa de partidos políticos, incluyendo en el rechazo a los hermanos musulmanes.
Los contextos que unen a los movimientos de la llamada primavera árabe son distintos, aunque similares. Los sistemas políticos difieren entre los países, lo que también se manifiesta en la trayectoria histórica de cada uno. Además, la situación económica de los países del golfo es distinta a la de los demás países árabes, lo que influye en la agenda de protesta que tiende a ser dominada por cuestiones políticas. No obstante, es importante destacar que a pesar de las diferencias entre los movimientos, tanto a nivel nacional como a nivel regional, estos se reconocen entre ellos al identificar similitudes o supuestas similitudes y se solidarizan entre sí. Lo mismo sucede con los movimientos de indignados en otras partes del mundo. Sin embargo, los motivos de protesta no son los mismos y tampoco lo son los objetivos. Eso sí, la globalización facilita los procesos de reconocimiento mutuo y los esfuerzos para definir objetivos mínimos comunes a nivel global, dando prueba de ello, entre otros, las movilizaciones del 15 de octubre pasado en todo el mundo.
En la página web del “15O” los organizadores reconocen la problemática que supone la definición de una agenda global que incluya igualmente las especificidades de cada localidad. Es por eso que llegaron a la conclusión de que la raíz de todos los problemas locales, independientemente del lugar de persistencia, es que “nosotros los pueblos del mundo no decidimos cómo queremos que sea el mundo. Si pudiésemos, gran parte de estos problemas [locales] simplemente desaparecería.” La reivindicación principal es, por lo tanto, que “queremos decidir cómo nuestros países deberían ser, en vez de dictadores, mercados, o gobiernos que no escuchan a los pueblos. Y una vez que hayamos recuperado el poder vamos a encontrar las respuestas específicas a nuestros problemas que probablemente difieran de un país a otro.”
Entonces ¿qué es lo que une a todos estos movimientos, la desigualdad económica, social y política? Según lo anteriormente citado, estas desigualdades fueron provocadas por los déficits de representación y de comunicación en los sistemas políticos. Se reivindica un espacio público donde el debate sea posible y deseado, donde todos tengan una voz y todos presten sus oídos. Las movilizaciones del “15O” representan, por tanto, un intento de recuperar este espacio público, mediante muestras de solidaridad y reconocimiento mutuo.
La democracia no se siembra
Segundo, si estos movimientos, como advierte Pilatowsky, sembraron el “espíritu de protesta democrática en occidente” nos quiere decir que ¿todas las protestas que tuvieron anteriormente lugar en occidente no tenían espíritu democrático? No hay que olvidarse, por ejemplo, de las llamadas “revoluciones de colores” en Europa del Este y Asia que emergieron a principios de la década pasada y entre las que destacan las protestas de Serbia, Ucrania, Georgia y Kirguizistán. También conviene recordar las protestas en varios países de la Unión Europea en contra del malestar para con los correspondientes sistemas educativos que, no solamente en Grecia, tienen una larga trayectoria. Igualmente no hay que olvidarse de que el 28 de marzo de 2009 se había organizado una movilización a nivel global con el lema “Vuestra crisis no la pagamos” a partir de un llamamiento del Foro Social Mundial el mismo año en Belém, Brasil.
Creo importante destacar que los movimientos en países democráticos como los de la Unión Europea – con todos sus defectos – simplemente no se enfrentan a la misma represión y no corren los mismos riesgos con su protesta que los manifestantes en los países árabes. Con esto no pretendo disminuir la importancia de las movilizaciones en el mundo árabe, sino más bien defender su carácter propio y rechazar el acaparamiento de interpretaciones occidentales que están surgiendo. Al mismo tiempo, es necesario, ver estas interpretaciones como obstáculo para el desarrollo del sistema político que pretenden formar, en un segundo paso, los manifestantes en los respectivos países árabes. Entiendo que, existen y quizá siempre existieron ideas democráticas, lo que no significa que tenga que formarse un sistema democrático a imagen y semejanza de occidente. No mezclemos los contextos, no veamos nuestros sistemas democráticos como prototipos. ¿Qué significa esto de “sembrar el espíritu de protesta democrática”? No lo sé, pero confío en que no sea algo que se “siembre”, sino que sea una de esas plantas ubicuas conocidas como “grassroots” que se pueden arrancar, pero que siempre vuelven a salir.
La proliferación del orientalismo
Tercero, ¿cuál es el valor añadido de enfatizar la diferencia en términos religiosos? Pues, el argumento principal de Pilatowsky para explicar la indignación generalizada se sustenta en lo económico: la crisis del capitalismo. ¿Acaso la religión resulta llamativa debido a los argumentos difundidos por los partidarios del excepcionalismo árabe?
Los investigadores de esta corriente tratan de explicar la resistencia del mundo árabe a las “olas de democratización”, expresión y concepto desarrollado por Samuel Huntington. La argumentación principal se construye en torno a la supuesta inhabilidad de los musulmanes para reconciliar la religión con la democracia y se apoya, sobre todo, en la proliferación de clichés orientalistas. El pensamiento del excepcionalismo árabe sigue vivo en las interpretaciones que se hacen desde occidente de la llamada primavera árabe. Los análisis se centran en resaltar la importancia de las herramientas de comunicación que fueron utilizadas para organizar las protestas, notamente las redes sociales, y las tilda, de manera reduccionista, como “twitter/facebook revolutions” dando a entender la supremacía de occidente. El término “twitter revolution” fue introducido ya en 2009 por Evgeny Morozov cuando escribió sobre las protestas en Moldavia y también se aplicó a las protestas de Irán el mismo año. En este contexto Mark Pfeifle, ex asesor estadounidense para la seguridad nacional, reivindicó soberbiamente el premio Nobel de la paz para twitter con la justificación de que sin este medio los/las ciudadanos/as iraníes no se hubieran sentido lo suficientemente empoderados para manifestarse. Algunos siguen criticando este enfoque, entre ellos también el precursor de la terminología, Evgeny Morozov.
Lo chocante del caso de Irán, revela Golnaz Esfandiari en un artículo publicado en la revista “Foreign Policy”, es que nunca hubo una “twitter revolution”, ya que los twitteros que twittearon sobre los sucesos en Irán lo hicieron casi exclusivamente desde el extranjero. Es más, advierte que estas personas hasta llegaron a obstaculizar la organización de las protestas al dar pistas a los censores del régimen iraní. En todo caso, la manera más corriente de organizarse fue el boca a boca.
En fin, ¿por qué se ponen de relieve las herramientas y no a los actores que le dan uso?
La indignación es real y no virtual
Finalmente, un par de palabras sobre el movimiento “occupy” en los Estados Unidos. Es interesante observar que los medios de comunicación en este país y en la Unión Europea silencian sobre todo un detalle en cuanto a las raíces del movimiento. El lema “We are the 99%” muy probablemente se derive de un artículo de Joseph E. Stiglitz, reconocido economista y premio Nobel, publicado en mayo de este año en la revista Vanity Fair con el título “Of the 1%, by the 1%, for the 1%”. Mientras que en Europa, el ensayo de Stéphane Hessel “Indignez-vous!” recibió muchísima atención y desencadenó debates que, también por el interés de los medios de comunicación, llegaron a los últimos rincones de las sociedades de la Unión Europea. Llegó a ser una especie de manifiesto oficioso de los indignados, no obstante, no sucedió lo mismo con el ensayo de Stiglitz en Estados Unidos. Este hecho sustenta aún más la argumentación del economista: “Of the 1%, by the 1%, for the 1%”. Las verdades que evidencia Stiglitz son delicadas y tienen potencial explosivo. El hecho de que la repartición desigual del ingreso nacional en Estados Unidos es muy parecida a la que existe en los países árabes advierte al 1% de la seriedad de la situación. Y el movimiento “occupy” llegó a ser la respuesta a su pregunta concluyente: ¿Cuándo llegarán las protestas a Estados Unidos? La respuesta del 1% por ahora es invertir más en seguridad privada para proteger sus bienes y privilegios. Mientras tanto, la desigualdad sigue lastimado a nuestras sociedades.
No se trata de ninguna lucha “virtual”, como afirma Pilatowsky, la lucha es tan real que produce cuerpos heridos y muertos. Y ante esto ¿quién no quisiera desmontar el péndulo del capitalismo?
Enlaces de interés:
Multimedia:
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Bibliografía:
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Morozov, Evgeny: http://www.evgenymorozov.com.
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Stiglitz, Joseph E. (2011): Of the 1%, by the 1%, for the 1%. Vanity Fair. En: http://www.vanityfair.com/society/features/2011/05/top-one-percent-201105.print
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