Lo que queda del 2010: Terminó el 2010 como hoy en día suele terminar cada año: con innumerables retrospectivas por doquier. Es prácticamente imposible escapar por completo de las mismas y aquél que haya sido suficientemente afortunado para librarse de esta tradición, a veces molesta, va a encontrarse aquí con aquello de lo que pensó haberse librado. Los medios de comunicación se empeñaron, como siempre, en lanzar abundantes balances anuales, abarcando los logros en los ámbitos económico, político, deportivo, cultural y, aunque de manera más marginal, también social. Con el fin de un año llega el tiempo del balance de los balances. En esta práctica se refleja la fascinación del ser humano por el (su) pasado, el cual no se limita exclusivamente a los sucesos más recientes. Como prueba ejemplar basta pasar lista a los innumerables actos conmemorativos dedicados a los 200 años de vida independiente que se celebraron a lo largo del 2010 en cinco países latinoamericanos. Conmemoraciones que también trascendieron las fronteras de los mismos, con actos organizados por las representaciones diplomáticas de éstas cinco naciones (véase mi artículo El ABC del Nacionalismo ). Con todo un ciclo conmemorativo destinado a las independencias de las repúblicas latinoamericanas, la importancia del año 2010 se evidencia al echar un vistazo a la línea del tiempo ofrecido por el Grupo Bicentenario : en ningún otro año se juntaron tantos países para celebrar los 200 años de su independencia. Los cinco países y sus fechas emblemáticas son: Venezuela el 19 de abril, Argentina el 25 de mayo, Colombia el 20 de Julio, México el 16 de septiembre y Chile el 18 del mismo mes. Administrar identificación y memoria Estos días festivos de carácter civil fueron establecidos en su tiempo por los gobiernos correspondientes como un elemento de identificación simbólica. Representan el “invento” de la nación, es decir, el “invento” de una comunidad política imaginada. Estas fechas son una herramienta política para administrar la identificación y la memoria, y para generar imaginación. La imaginación está entre otras cosas en la sensación de sentirse uno con todos los que forman la nación. La imaginación está e pensar que la nación es una gran familia. La imaginación también está en símbolos como el himno o la bandera nacional, mediante la que uno se siente representado o con la que uno se identifica. La imaginación es un invento, un acto de creación política estrechamente ligado a fines políticos. En consecuencia, el significado de identidad nacional es variable, incluso manipulable por actores políticos suficientemente poderosos como para generar la dicha imaginación. A éstos actores políticos hace alusión el escritor mexicano Juan Villoro cuando dice que el “bicentenario de la independencia debería servir al menos para reparar símbolos maltrechos.”Villoro se refiere a símbolos establecidos por gobiernos en el marco de la historia oficial y a la problemática de que éstos no siempre coinciden con la realidad o la verdad. Pero al mismo tiempo también nos habla del olvido, del lado olvidado por la historia oficial, de manera que la observación de las conmemoraciones bicentenarias no solamente revela la actual composición de una historia oficial determinada y su instrumentalización política con la finalidad de generar identificación, sino también nos muestra, aunque de modo menos obvio, aquello que está en el olvido.
México en tus sentidos
Una muestra ejemplar de éstas imágenes pertenecientes a la historia oficial es revelada (en el caso de México) con la exposición México en tus sentidos, concebida por el artista mexicano Willy Sousa. El trabajo exhibido del artista incluye fotografías y vídeos compilados durante ocho años (para el primero y el segundo , haga click). En el recorrido de la exposición los visitantes, y entre ellos especialmente los niños, tendrán la posibilidad de “contemplar México desde otra perspectiva […] porque la conservación de nuestra cultura depende en el futuro, en buena medida, de la forma en que ellos valoren y honren a nuestras raíces, y de la fuerza con la que asuman su sentido de pertenencia.” En el primer video la voz de un hablante deja aún más claro a lo que aspira la presidencia mexicana con este proyecto: “México en tus sentidos es una exposición de fotografías y vídeos en alta definición nunca antes vista sobre la identidad nacional y el sentido de pertenencia a México.” La fuerza de la imaginación con la que vienen cargadas estas imágenes se entiende al ver un videoque abarca una compilación de opiniones emotivas de los visitantes de la exposición. Todas las opiniones grabadas subrayan los sentidos y las emociones experimentadas durante el recorrido. Según una visitante, se trata de una exposición que “nos despierta todos los sentidos: de tacto, oído, vista, gusto”. Otro visitante afirma que “es un vibrar tremendo, es un volver a tocar esa raíz tuya, tu sangre, tu esencia, tu ser”. Todas las personas entrevistadas dicen que las emociones les hicieron llorar, incluso en ciertos casos, el llanto se refleja todavía en sus ojos y en sus voces. Algunos también destacan explícitamente símbolos nacionales para expresar sus emociones: “Siempre voy a respetar a la bandera” sale de la boca de un niño lagrimoso. Una mujer expresándose en el mismo sentido dice haber vivido “una emoción tan grande de que en cada rincón de nuestro país hay una bandera.” Primordial en las opiniones dadas, también es el sentido de pertenencia: “Todos somos una familia grandota, todos somos mexicanos” o “somos nosotros, somos todos los mexicanos lo que nos muestran en la exposición” y “me reflejaba realmente en ellos, porque viví parte”. Además llama la atención la repetida apariencia del lema oficial para los bicentenarios en diferentes variaciones: “Orgullosamente Mexicanos”. “México en tus sentidos” comunica lo imaginario, comunica que México es un sentido. Transmite la sensación que es algo real o, como dice una cita de Willy Sousa al final del último vídeo, que “es el sentido más grande de nuestra existencia, porque se ve, se respira, se escucha, se prueba y se toca”.
En tus sentidos está el engaño
Ahora bien, podemos decir que ciertos símbolos logran aparentar que lo irreal, es decir lo imaginario, es real. Símbolos son cosas reales perceptibles por los sentidos humanos. Sin embargo, no los vemos, no los respiramos, no los escuchamos, no los saboreamos, no los tocamos como las cosas que son. Ellos representan más que un simple reflejo, olor, sonido, sabor u objeto palpable. Un símbolo simplifica lo complejo para facilitar su percepción. No obstante, yace en cada simplificación el peligro de no entender lo complejo mediante la simplificación. El valor de un símbolo se mide en cuanto a su capacidad de estimular nuestros sentidos independientemente del significado adscrito. Un símbolo con altas capacidades de estimulación sentimental tiende a encubrir lo complejo, sentimientos fuertes tienden a primar sobre procesos meditativos y a engañar a la mente nublándola. Estos símbolos de alta capacidad son herramientas de dominación política, desvinculan el significado del símbolo de su contenido complejo, dificultan al individuo perceptor la reconstrucción del contenido complejo mediante el símbolo simplificador si lo desea, fingen un sentimiento de igualdad como para decir: “ante este símbolo somos todos iguales”; hacen olvidar la diferenciación social, la discriminación o la exclusión. En definitiva, son una forma de dominación porque tienden a privar al ciudadano de llegar a entender el contenido del símbolo, creando una forma de dependencia y exclusión. El ciudadano depende del que sabe, del que entiende, del que ha creado el símbolo, está excluido del saber y, por ende, privado de su derecho a la emancipación. Foto de: Grupo Bicentenario (www.grupobicentenario.org).