Como he elucidado en mi colaboración anterior (“Los bicentenarios: ante símbolos de identificación y sus engaños”) entiendo el análisis de las políticas de memoria y de identidad sobre todo como un emprendimiento en búsqueda de mecanismos de dominación silenciados y encubiertos por poderosas retóricas políticas. Las conmemoraciones de los bicentenarios en América Latina representan un motivo muy importante de producción retórica en este sentido. Se habla de 200 años de independencia o de (“vida republicana”) – una simplificación de los sucesos históricos que transcurrieron entre 1809 y 1811 – cuando en realidad los primeros movimientos independistas de hace 200 años marcan más bien los comienzos de procesos que desembocaran en las independencias políticas de los estados latinoamericanos y no de la independencia en sí. Dirigiendo la mirada hacia América Latina en su conjunto podemos observar un proceso que engloba un periodo de conmemoraciones de aproximadamente 16 años. Empieza con la conmemoración de los primeros gritos de independencia a partir de 2009 y termina con las conmemoraciones de la consumición de las independencias entre 2021 y 2025. Las declaraciones de independencia en los diferentes territorios latinoamericanos deberían leerse pensando en el contexto de su proclamación. De modo que en su momento eran ante todo una declaración de intenciones para construir un estado(-nación), en un territorio más o menos definido y a partir de las herencias coloniales.
También es de esperar que el año 2030, en el que se celebrará el 200 aniversario de la muerte de Simón Bolívar tenga una importancia supraregional en el contexto de las conmemoraciones bicentenarias. Frente a este período largo de introspección histórica y el hecho de que con este año 2011 terminará el primer bloque de las conmemoraciones bicentenarias, parece oportuno plantearse la pregunta del impacto de los bicentenarios en las políticas de la integración regional. En fin, la construcción de un futuro común depende también de la base histórica sobre la cual se erige éste, por lo que los bicentenarios podrían ser el motivo para trabajar una historia supraregional respaldando el proyecto político de integración. ¿Son los bicentenarios entonces una posibilidad o un obstáculo para integración latinoamericana y caribeña?
La retórica de la integración regional de América Latina y el Caribe
La iniciativa más reciente de una oleada de intentos de integración en América Latina y el Caribe que se observan desde el fin de la Segunda Guerra Mundial para lograr la integración regional, nació hace un año, en febrero de 2010, con la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe. El alcance y la transcendencia de las iniciativas son variados y produjeron resultados ambivalentes. A pesar de que todas las partes involucradas siguen aseverando la prioridad que tiene la integración regional en su agenda política, no se observan los pasos necesarios para iniciar la materialización de la integración, más allá de afirmaciones retóricas. Podría decirse con Carlos Malamud – investigador principal de América Latina en el Real Instituto Elcano en Madrid – que existe un exceso de retórica.
Los jefes de estado y de gobierno, así como los demás representantes gubernamentales que aportan su parte a este “exceso de retórica” se inspiran ostentativamente en los conceptos de unidad territorial y política propagados por Bolívar a lo largo de su lucha por la Independencia de las colonias latinoamericanas y caribeñas. El fracaso de Bolívar, sin embargo, no significa la desaparición de su concepción de unidad que hoy en día parece más presente que nunca mediante la metáfora del sueño de Bolívar. No obstante, esta metáfora mantiene en la actualidad una conexión meramente rudimentaria con el ideario originario creado por Bolívar, expresando más bien las esperanzas por un futuro mejor, un futuro verdaderamente independiente, alcanzable solamente mediante un modo de proceder unitario y coordinado. La exaltación retórica produce ante todo una construcción imaginaria de integración regional, cuyo progreso de integración se simula por medio de un discurso cada vez más extremo. En consecuencia, el discurso sobre la integración regional se degrada – en palabras de Carlos Malamud – a un ejercicio político-ideológico que según algunos analistas encabeza el presidente venezolano Hugo Chávez; bien como líder ideológico de un nuevo modelo de integración, bien como el origen de todo el mal.
Así, la legitimidad de un modelo regional de integración depende crucialmente de la referencia al llamado sueño de Bolívar. Éste, influenciado por conceptos ilustrados en torno a la libertad, igualdad y fraternidad es, en primer lugar, de importancia nacional. Su significado destaca particularmente en la región andina siendo un elemento primordial de la identidad nacional. Como pieza clave de los nacionalismos de esta región, este sueño representa el mito fundador de estas naciones. Aunque el mito fundador difiere de Estado en Estado en América Latina y el Caribe, se puede observar que hay una especie de concordancia entre estos Estados referente al origen histórico común. De manera que en el documento final de la primera Cumbre América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC) en el 2008, ya el punto 2 de la misma remite a la “convicción de que la integración política, económica, social y cultural de América Latina y el Caribe es una aspiración histórica de sus pueblos”. Una referencia en concreto a esta aspiración histórica da el punto 19, donde se felicita al Grupo Bicentenario por sus acciones que “viene realizando en pos del reconocimiento y la valoración de los aspectos comunes de las gestas independistas de los países de América Latina y el Caribe.” Además se resalta que “estas acciones contribuyen a generar conciencia acerca del pasado compartido por pueblos de las Américas y a fomentar la proyección de un futuro que los encuentre integrados en la diversidad.”
En la próxima edición sigue la “Serie : Los bicentenarios y sus huellas en la integración de América Latina y el Caribe” con una mirada en detalle hacia la evolución del Grupo Bicentenario. ¿Cómo genera el Grupo Bicentenario conciencia histórica en los países latinoamericanos? ¿Cuál es su papel en los afanes de integración de América Latina y el Caribe? ¡No se lo pierdan!