El pasado 20 de noviembre tuvieron lugar las elecciones generales en España para renovar el Congreso y el Senado, y elegir así también el nuevo ejecutivo. España no cuenta con un sistema presidencial como el mexicano o el estadounidense en el que se eligen por separado el presidente y los parlamentarios, sino que el cabeza de lista del partido más votado será quien formará gobierno. Las encuestas daban como claro ganador al Partido Popular (PP), de tendencia conservadora. Asimismo, se preveía que el Partido Socialista (PSOE) en el gobierno sufriera una gran debacle electoral, como consecuencia del fracaso que ha tenido su gestión de la crisis económica actual y sus últimas políticas aplicadas.
En efecto, el Partido Popular se hizo con la mayoría absoluta de los escaños, cambiando de color el gobierno, tras siete años de signo socialista. El sistema parlamentario español es proporcional, y convirtiendo los votos en escaños por medio de la Ley D’Hondt, cada partido tiene una representación en el Congreso en función de sus votos, repartiéndose los 350 diputados. Esta conversión de votos en diputados no es estrictamente proporcional, sino que hay una cierta corrección. Además, el sistema electoral se basa en circunscripciones provinciales muy desigualmente pobladas, provocando así una distorsión importante del principio una persona, un voto. La consecuencia de ello es que los grandes partidos se ven sobredimensionados en el Parlamento, mientras que los pequeños partidos de carácter estatal salen altamente perjudicados a nivel de representación. Este sistema electoral ha sido criticado en diversas ocasiones i por distintos colectivos, e incluso los partidos políticos con representación parlamentaria han mencionado la necesidad de su reforma.
Así pues, las Cortes quedaron repartidas entre los distintos partidos que consiguieron representación parlamentaria. Vale la pena comparar el número de votos con la de escaños obtenidos:
Además de los dos grandes partidos estatales, el tercer partido en escaños –que no en votos- fue Convergència i Unió (CiU). Se trata de un partido nacionalista de derechas de Catalunya. A pesar de las duras políticas de recortes que está llevando a cabo en el gobierno de Catalunya, ha conseguido muy buenos resultados en estas elecciones. El dirigente de este partido ha interpretado el éxito electoral como un plebiscito y aprobación a las políticas de austeridad que se están implementando tanto en materia de sanidad, como educación, servicios sociales y función pública, entre otros.
Izquierda Unida (IU) mejoró en gran medida sus resultados –si bien es uno de los grandes perjudicados por la Ley Electoral-. Sus once escaños dan visibilidad al espectro más a la izquierda del PSOE, favorecido seguramente por los movimientos de indignación surgidos en los últimos meses y por el desencanto tras las políticas de derechas aplicadas por el gobierno de Zapatero (PSOE).
Amaiur obtuvo siete diputados, siendo una coalición de formaciones políticas e independientes de la izquierda abertzale. A pesar del gran éxito electoral, como son siete escaños, no se le ha permitido tener grupo propio en la cámara de los representantes. La posibilidad de representación de la izquierda independentista del País Vasco en las instituciones políticas del Estado español junto con la apuesta por la vía política y cese del terrorismo de E.T.A es uno de los grandes desafíos de esta nueva cámara de representantes, ya que el futuro de Euskadi y la construcción de la paz en la sociedad vasca va a ser determinante en los próximos años .
UPyD, partido cuyo baluarte es la lucha contra los nacionalismos “periféricos”, consiguió también cinco escaños. Se trata de un partido relativamente reciente y de implantación mayoritaria en Madrid. Es una nueva formación minoritaria y, como tal, otra de las grandes perjudicadas por la actual ley electoral.
Las cifras de voto en blanco ha aumentado ligeramente, siendo el 1,37%, mientras que los votos nulos se han casi doblado, llegando a ser el 1,29%. El porcentaje de participación no ha sido destacado, sino ligeramente inferior al de las anteriores elecciones generales. Así pues, la abstención se ha situado en un 28,31%. No pudiendo contabilizar la abstención activa y la abstención pasiva, es decir, aquella que se hace por convencimiento o bien aquella que ocurre por despiste o desidia, resulta complicado sacar conclusiones sobre el descontento social vis-a-vis la política parlamentaria.
Tras los resultados electorales algunos medios de comunicación han cuestionado la influencia del movimiento del 15-M en las urnas. Los días previos a las elecciones se oían preguntas tales como ¿qué voto piden los indignados? Sin embargo, tratándose de un movimiento tan complejo y heterogéneo, era imposible posicionarse sobre cualquier postura de cara a las elecciones. Unas personas preferían votar a partidos de la izquierda radical con o sin representación parlamentaria, mientras que otros simplemente no irían a votar y abogaron por la abstención activa, porque consideran que las elecciones representativas son una farsa. En cualquier caso, sí que hubo cierta movilización de cara a animar a la gente a ir a votar y a hacerlo por partidos pequeños, ya que de esta manera se frenaba el bipartidismo imperante y se posibilitaba una mayor pluralidad en el Congreso.
En Catalunya, otra de las razones por las que era importante el voto a los partidos minoritarios era impedir que Plataforma x Catalunya (PxC) entrara en el Congreso. Este partido se caracteriza por su ideología xenófoba y racista, y está en auge en Catalunya en los últimos años. Ante la indecisión entre no darle publicidad e invisibilizarlo, o bien “criminalizarlo” y boicotear sus actos, Unitat Contra el Feixisme i el Racisme (UCFR) se decantó por la segunda opción. La labor de esta plataforma, junto con otras asociaciones y personas individuales, ha ayudado a combatir el populismo de PxC y a que sus resultados electorales hayan sido bastante modestos, si bien no se puede subestimar su potencialidad.
En definitiva, los resultados electorales parecen seguir la tendencia neoliberal de los gobiernos occidentales, aunque es cierto que el desgaste del partido en el poder como consecuencia de la crisis económica está pasando factura a muchos de ellos, independientemente de su ideología. La lucha en la calle contra los recortes y los planes de austeridad han quedado poco plasmados en las urnas, precisamente en un momento de proyección de los movimientos sociales. El movimiento del 15-M intentó lanzar algunas propuestas y campañas de forma descentralizada antes de las elecciones, pero no logró catalizar el descontento y traducirlo en votos, probablemente como consecuencia de la disparidad de posiciones, como he comentado, pero también por la debilidad del movimiento en el momento actual. A pesar de todo, la voluntad de cambio es palpable en las calles y las plazas, y no precisamente hacia la disminución de derechos sociales, sino todo lo contrario, así que habrá que hacer lo posible por vehicular una respuesta ante las previsibles políticas regresivas del nuevo gobierno.
fuente de imágen: www.publico.es
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