Y así nomas como si nada, sin empacho se diría, empieza otro año más. Y con ello, pues la realización: Que si estamos más viejos, Que si los achaques, ¿Alguien dijo quedados? Pero también esta lo otro. ¡Y cómo nos gusta lo otro! La promesa, el propósito, los buenos deseos, todas esas chucherías verbales que tanto nos encantan: -Que si ahora si voy al gimnasio-, o -¡Este año me les caso!-, y qué tal el -¡Ahora si voy a leer!- O de plano los más conformistas: -solo faltaré al trabajo muy de vez en cuando, cuando si haga falta.- ¡Ah! y aquel… -Me cae que me gano la lotería y ya ni pa que la chamba- etc… etc…
Y aún así, con toda esa parafernalia, éste es de esos años en que nuestras promesas se ven requeté-chulas, incluso muy conservadoras, comparándolas claro, con las que nos van a hacer los (y aquí hay que ponerlo con mayúsculas para que no se nos ofusquen o esponjen) PRESIDENCIABLES. Porque claro, ellos son hombres y mujeres hechos y derechos, que vaya, ellos si van a cumplir con sus predicamentos de año nuevo.
Está por ejemplo el del copete, que promedia un par de horas al día en parárselo (el copete, el copete, ¡calma!) que equivalen al número de horas que ha empleado en su vida para leer -¿qué era?- -cachos de la biblia (Tomas Garrido se retuerce en su tumba Priista), y un libro cuyo nombre, mmm, no recuerdo, bueno y otro más que no me acuerdo pero que habla de ESO, ya saben, ¡ah si! Y está el de la silla del águila (como en la que yo me voy a sentar muy pronto) ese sí que lo escribió fulano, y si no, pues ¡que güey! ¡que prole! Se hubiera puesto las pilas pa escribirlo…- Ah que muchacho, ya me imagino al Estado Mayor comprando botes de gel, eso sí, de la bien pegajosa, la más cara pues, a ver si no se nos queda calvo como el Salinas antes de que acabe su sexenio.
Y bueno está también el Peje, que este año le pidió a los reyes una república amorosa, ese sí que leyó; mucho Platón pa mi gusto. ¡Ah con ese Peje! ¿qué no ya fue presidente? Yo me acuerdo que hasta las manos se contaron, no una por una, eso imposible, pero así al mayoreo, y si, de veras me consta que había harta mano levantada, ¡qué bonito se veía el Zócalo ese día! Pero entonces ¿a poco se va a reelegir? ¿No que no?
Y bueno, no nos olvidemos porque están los otros, los del chanchullo de aquella vez, cualquiera de los tres, que pues ellos si no son como los otros, ellos no hicieron propósitos de año nuevo ¿para qué si vamos requetebién? Mejor hay que continuar echando la fusca, que se maten entre todos, porque es lógico, entre menos haigamos -como haigamos- (así, en ese tiempo verbal que tanto les gusta) entonces pues por lógica habrá menos delincuentes ¿obvio no? Además ¿qué? Nos fue muy bien con ellos, con ese gabinete de lujisimo, ¡qué gran cohesión! ¡qué manera de llevar las riendas! Por parte de la maestra, claro, y es que ¡caray! Hay que darle el poder a los que saben ¡carajo! Por eso estos buenos hombres de fe, pues ni hablar, ellos sí que son equitativos, justos, o sea, ellos no son machos, no discriminan a la dama, porque hay que ver que ellos tan consientes, tan igualitarios (¿dónde está el Nobel cuando se necesita?) le otorgaron el poder a una dama, que si la Martita, que si la Maestra. Pero ustedes no se nos preocupen que es por una buena causa, igualdad de género ¿quién dice que las mujeres no gobiernan en México? Y luego pues dijeron ¡ahí les va! Y ¡Pum! de la noche a la mañana: un ejército. ¡qué fuerza del Estado! Aunque estén flacuchos y rascuaches, ¡Ahora sí que vamos a darles en su malinche a los malos!
Así que este añito esta bueno para eso de las promesas. Ya empezamos bien, viéndonos mesurados en lo que nos hemos propuesto, y total si no lo cumplimos, ¡pues es culpa de todos los peleles que tampoco cumplieron y ellos vaya que si prometieron! ¿obvio no?
Foto:Cuartobscuro