El pasado 26 de octubre asistí a un seminario organizado por la embajada de Chile que se llevó a cabo en la Casa de América de Madrid. El motivo del mismo lo refleja su título: “Diálogos en Madrid: Visiones sobre el Bicentenario”. Tanto el auditorio como los ponentes fueron de lo más homogéneo en cuanto a su concepción del mundo y la única razón de su presencia fue aparentemente reafirmar sus posiciones en los ámbitos socio-políticos y socio-económicos. Una reiteración de opiniones lejos de estar dispuesta a cuestionarlos. Prueba ejemplar de lo dicho es la primera parte de la segunda ponencia titulada: “El Bicentenario desde el Periodismo”. El Periodismo presente era por un lado Cristián Zegers Ariztía, el director del diario chileno El Mercurio y por otro Bieito Rubido Ramonde, el director del diario español ABC. Los ponentes se sirvieron “del periodismo” sólo como pretexto para dar credibilidad a sus pronunciaciones ideológicas, insinuando que su concepción de periodismo es la única posible. Zegers Ariztía habló en su ponencia, casi exclusivamente, sobre el desarrollo económico de su país, citando datos económicos sin nombrar sus fuentes. No llegó a revelarlos ni cuando un oyente le preguntó por ellos. ¿Qué clase de periodismo es éste? ¿Qué es lo que se esconde detrás de estas cifras? Cifras, estadísticas y encuestas intencionadas, son una vez más la neblina de los mitos económicos de la derecha chilena. La aportación de Rubido Ramonde fue presentada como comentario a la exposición de Zegers Ariztía. Empezó subrayando las similitudes socio-políticas y socio-económicas entre España y Chile. Destacó las buenas relaciones entre ambos países, criticando a la vez a los presidentes de la llamada izquierda latinoamericana por sus políticas poco favorables para España. En particular, se sorprendió por el hecho de que estos presidentes se apelliden Morales, Chávez, Correa, etc. por lo que deberían estar encantados con la cultura que comparten con España. El auditorio se río entusiasmadamente. A este comentario jocoso el director de ABC añadió que le gustaría que en España – al igual que en Francia donde ya se ha hecho – se lanzara un debate sobre la identidad española y su significado. ¿Qué se podría esperar de ese debate? Yo considero importante hablar de identidad ya que podría permitir a una sociedad llegar a conocerse mejor. ¿De qué sirve eso? Lo conocido da menos miedo que lo desconocido, predestinado de por sí a provocarlo. El miedo conlleva desconfianza y una sociedad desconfiada es una sociedad fragmentada que hasta puede llegar a ser una sociedad fracasada. Cuando hablamos de estados fracasados, ¿no deberíamos mejor hablar de sociedades fracasadas? Hablar de identidad es algo muy delicado, cosa que desconoce Rubido Ramonde con su forma de plantear el debate, tanto en el ámbito español como latinoamericano. Para él, un apellido español evidencia el origen cultural de una persona sin tener en cuenta procesos históricos que, seguramente, nos llevarían a una interpretación completamente distinta. Un nombre o apellido es también una herramienta de dominación, como demuestra por ejemplo el uso de nombres y apellidos en el caso de la esclavitud. Otra cosa que llamó la atención en el ABC del nacionalismo de Rubido Ramonde fue su comprensión del español. Para él, es de mucha utilidad dominar este idioma porque es un lenguaje con mucha extensión territorial. Por lo tanto, aconsejó a los españoles de ciertas regiones autónomas que sentirse agradecidos por compartir este lenguaje tan hermoso y tan importante. El hecho de que se haya extendido de semejante manera se debe, sin embargo, en gran parte a mecanismos de dominación. Una dominación que persiste, ya que en muchos estados latinoamericanos el español sigue siendo el único idioma oficial a pesar de minorías lingüísticas importantes. Una sociedad que obliga a sus miembros a negar partes fundamentales y constitucionales de sus identidades para poder participar en ella es una sociedad en camino al fracaso, una sociedad en estado de depresión. En la negación yace la desconfianza. Confianza y no desconfianza es la premisa para que sistemas democráticos funcionen. Hablemos de identidades a diario, cuestionémoslas, entendámoslas como un compromiso de por vida y no como un proyecto determinista. Para el programa del seminario véase: http://www.bicentenarios.gob.es/Acompanamos/Actividades/Espana/Documents..., por ultimo el 16 de noviembre 2010.