En 1584 en una Europa destrozada por las guerras de religión, Giordano Bruno, filosofo- poeta italiano quién años más tarde sería quemado en la hoguera por la santa inquisición, publicaba “La Expulsión de la Bestia Triunfante”. El libro planteaba la inminente necesidad de reconstruir a la sociedad europea a través de una transformación moral y política. Lo que Bruno planteaba era reemplazar los que él consideraba los falsos valores que habían sido colocados en el pináculo de la conciencia social europea por los verdaderos valores fundamentales y encima de todos ellos, la verdad. Solo así se lograría expulsar a la bestia triunfante (los falsos valores predominantes). México 2011, 40,000 muertes después, no parece tan ajeno a las recomendaciones de Bruno, el libro renacentista de pronto retoma vigencia. Somos más de cien millones de mexicanos de los cuales una inmensa mayoría no pertenece al crimen organizado, sin embargo, hay que decirlo, el país se está derrumbando. Algo debemos estar haciendo mal si los ciento y tantos millones de mexicanos que no pertenecemos a redes criminales hemos dejado a una pequeñísima minoría tomar control del país. ¿Cómo explicar si no así la situación actual? Parece ser que la sociedad misma está sufriendo una reversión de sus valores fundamentales, estamos siendo invadidos por los falsos valores. La sociedad mexicana de hoy comienza a admirar a los tramposos, a los deshonestos, a los que “se salen con la suya”, la sociedad se burla de los honestos, los que quieren hacer cambiar las cosas, a ellos los exhibe, los ridiculiza, los acusa de ser poco pragmáticos. La “expulsión de la bestia triunfante” es más que nunca una tarea urgente.
El problema fundamental que percibía Bruno en la Europa de su tiempo era la corrupción moral de la sociedad. A Giordano Bruno le parecía que la sociedad estaba viciada, que ésta estaba fundamentada sobre preceptos y valores endebles, falsos, corruptos. La Europa de finales del siglo XVI era escenario de revueltas civiles causadas por las guerras de religión iniciadas con la Reforma Luterana. Existía pues una falta de unidad, de solidaridad, falta de referentes y puntos de identidad que unieran a Europa y la fortalecieran. La falta de visión de los gobernantes siempre velando por intereses propios y una sociedad dividida y decadente explicaban al parecer del filosofo la fase por la que atravesaba occidente. En cierto sentido resulta una situación histórica comparable a la del México actual, una sociedad fragmentada que vela por intereses particulares desde trincheras muy personales, la filosofía del haiga sido como haigo sido, el valemadrismo, el pesimismo y sobre todo la resignación. Para Bruno era inminente la necesidad de un cambio, de una transformación total y radical que renovará en todos los aspectos al ser humano. No más la doble moral e hipocresía tan características de la Inglaterra Isabelina, no más conflictos religiosos entre pueblos hermanos, no más falsos valores sustentados en prácticas sociales. ¿Cómo es posible lograr algo parecido en México si nuestra Constitución es el documento más violado en la práctica diaria por los mismos cuyo trabajo es escribirla? ¿Cómo aceptar que miles de jóvenes que se quejan a diario por los niveles de violencia causados por el narcotráfico son a la vez los consumidores que propician la violencia? ¿Cómo transformar a una sociedad cuya única constante es la impunidad? En fin ¿Cómo revertir nosotros nuestra propia decadencia? ¿Cómo expulsar a la Bestia Triunfante?
Para ello debemos primero aceptar nuestra culpa, entender que más allá del triste papel de nuestros gobernantes y los endebles sistemas jurídicos y judiciales del país, nosotros como sociedad también estamos fallando y es momento de corregir el paso. Un estado fallido solo puede serlo si su sociedad lo permite, es decir si su sociedad también es fallida. Es importante reconocer nuestros errores, el resquebrajo de los valores que se ha acentuado en los últimos años y recomponer el camino. No se nos puede olvidar el importantísimo papel que jugamos día a día dentro de nuestra sociedad, que lo que hacemos si afecta al conjunto y que si efectivamente estamos hartos y queremos un cambio urgente, tenemos que empezar por nosotros mismos.
Por mencionar uno, la creencia de que la violencia se soluciona con violencia es un ejemplo de los falsos valores que alarmaban al filosofo Giordano Bruno, es una creencia que se ha asentado y esparcido en una parte considerable de la sociedad mexicana actual y que explica la triste situación en la que nos encontramos. Es un falso valor que hay que expulsar. Crear, proponer, actuar, son soluciones más plausibles que las balas. Bruno lo entendió y por ello hizo de la poesía y la filosofía su trinchera, busco transformar sin violentar. Encontremos pues las soluciones como sociedad, como individuos, buscando la cohesión a través de proyectos propositivos, de la simple acción diaria, de la educación, del arte y de la cultura. No nos volvamos una sociedad violenta.
Los paralelismos entre la Europa que codujo a Bruno a escribir su libro y el México actual son muchos (como ellos nosotros también tenemos a nuestro poeta intentando expulsar a las bestias). Giordano Bruno fue quemado en la hoguera por la santa inquisición en 1600, nunca pudo realizar la reforma moral que tanto anhelaba. México observa indignado pero silencioso mientras sus héroes van cayendo, mientras las hogueras prenden. O jala y nosotros no dejemos quemar nuestras fortalezas y esperanzas, a nuestros héroes, a nosotros mismos. Empezando por nosotros -ciudadanos, sociedad,- debemos expulsar nuestras propias bestias internas, no dejarlas triunfar sobre nosotros. Urge.