El abstencionismo es la expresión más natural de no sentirse representado por los políticos. Cada elección parece estar controlada, y los políticos –esa grey sospechosa- se dedican sólo a negociar futuros puestos. A este proceso le llaman democracia aunque menos de la mitad de la ciudadanía vaya a votar cada cierto período de años; aunque, en efecto, la población civil tenga muy poca injerencia en decisiones de carácter público. ¿Por qué no podemos, por ejemplo, negociar el presupuesto para la educación pública de nuestro país?, ¿por qué no puede la sociedad decidir que se eleve el porcentaje del PIB en educación de modo que se construyan más escuelas hasta que diez de cada diez mexicanos terminen la universidad? Se dirá que la sola idea es descabellada o ilusoria; no menos ilusorio y hasta estúpido me parece que el Secretario de Educación Pública piense que las telenovelas son fuentes educativas o Esther Gordillo exista en asuntos que nos incumben a todos o Calderón se dedique sólo y solamente a encarcelar o matar capos como si eso fuera a resolver el problema real del delito, que es, primero y último, impunidad, pobreza, es decir, desempleo o empleo mal remunerado, y falta de educación y de acceso a la cultura. Resuélvanse estos tres ejes y se verá reducido el delito en niveles masivos; déjense para luego y dedíquese con ahínco desesperado a hacer una guerra contra criminales como si se tratara de un juego de niños y se tendrá lo que se tiene hoy: muerte, balaceras hasta en estadios, crueldad, desaparecidos, horror, casos como el del Ponchis, un adolescente sicario. Con todo, yo no veo en el Ponchis la amenaza a nuestra sociedad; para mí la amenaza a nuestra sociedad está en todo aquello que llevó a un niño de once años a volverse asesino. En otras condiciones, Ponchis habría sido –qué se yo- un gran músico, un gran doctor, hasta un buen gobernante pudo ser. Me niego a creer que de no haber sido cruelmente abusado, drogado y sometido durante sus días de infancia –los días de supuesta inocencia- por un entorno carente de educación, empleo, dignidad, buenas leyes y justicia, el Ponchis hubiera sido lo que –por una omisión tras otra- la misma sociedad le condujo a ser. Revisar este entorno hasta modificarlo y no sólo atenazarse en una guerra militar que ha dejado miles de víctimas -culpables o inocentes- es la lectura y la discusión que ha introducido con intensidad el Movimiento Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad en las últimas semanas. A éste ya se ha adherido el Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior (MAEES), que responde a la situación de más de siete millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, de 200 mil jóvenes que sólo en el centro del país quedaron fuera de las universidades aunque desearon entrar, de 7 de cada 10 mexicanos que no concluye la universidad. “Educar –escribió José Martí- es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podría salir a flote: es preparar al hombre para la vida”. No me cabe en la cabeza cómo una telenovela podría lograrlo en un sistema cooptado de televisión abierta en que, por lo demás, las telenovelas son historias de personajes envidiosos, hipócritas, egoístas, mezquinos y –no sé si por esto mismo, habrá que preguntarlo a sus guionistas- exitosos. La vida republicana y democrática de México reclama nuevos fuertes, nuevas contingencias, y sobre todo, una inteligencia y una cordura que sobrepasen las dinámicas de la violencia y se introduzcan en las dinámicas de la esperanza, para las cuales –resumió Gandhi, recuperó Sicilia- la paz es el camino. Inteligencia –lucidez- que no es tanto un abandono de las formas, de las instituciones, de los órdenes consolidados, en fin, de las cáscaras o estructuras; ni la pura reacción o confrontación con ellos, lo que a menudo genera polaridad, amnesia histórica y desgaste, sino inteligencia de ver siempre más allá, de buscar, detectar, cuestionar y recrear los significados profundos y esenciales. “¿Qué le importa al muerto, a los huérfanos y a los sin techo –también dijo Gandhi- si la desquiciada destrucción es producida bajo el nombre de totalitarismo o el santo nombre de libertad y democracia?”. Madres como Luz María Dávila o Marisela Escobedo que, tras haber perdido a sus hijos de la peor forma, salieron, con un coraje digno de la más humilde admiración, a exigir justicia, nos obligan a todos a no estar callados, indiferentes, ni a excusar un miedo el cual ellas -las que tuvieran más razones que cualquiera para enmudecer- abandonaron. Asimismo, el reclamo de una educación gratuita y de calidad para todos los seres humanos de este país no puede ser sólo sostenido por aquellos que hayan sido excluidos del sistema sino también por los que lograron incluirse –por una ética de reciprocidad elemental- y ha de ser atendido –ahora, no después- por los gobernantes, senadores, diputados, jueces y todos los que se hacen llamar servidores nuestros.
[b]b. Breverdece[/b]
“El mundo es oscuro. Ilumina tu parte”
[b]c. [/b]La fotografía es de Alonso Castillo. Son amigos de Ramsés Barrón, asesinado a los diecisiete años en enero de 2011 en la frontera entre México y Estados Unidos.