SITUACIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA II (austeridad y crisis)

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Las elecciones dibujaron un nuevo escenario político en España. Siguiendo la tendencia de la mayoría de Estados europeos, la derecha ha sido considerado por los votantes como la mejor forma de combatir la crisis económica. Cabe destacar también la voluntad de cambio de gobierno, puesto que el gabinete socialista no ha sido capaz de crear empleo (en España sobrepasan los cinco millones de parados, esto es, casi un 21%).

Tras la mayoría absoluta del Partido popular, ¿hacia dónde nos dirigimos? Su campaña electoral ha estado vacía de contenido y sin grandes compromisos, y su programa electoral muy ambiguo. A España le esperan cuatro años de legislatura de austeridad, de retroceso en los derechos y prestaciones sociales, así como en los derechos civiles. La ley del aborto, de la dependencia, del matrimonio homosexual y la ley del tabaco, entre otras, quedan en entredicho, más allá de los recortes que puedan hacerse en los presupuestos de sanidad, educación y servicios sociales.  

El programa neoliberal de recortes se presenta como la única vía posible para reducir la deuda y el déficit y “sanear” las arcas públicas. Teniendo en cuenta que el gobierno del PSOE ya tomó medidas en esta línea, cabe esperar un verdadero desmantelamiento del Estado de Bienestar por parte del Partido Popular. Sin embargo, desde la izquierda se están planteando ideas y alternativas para hacer frente a la situación económica sin tener que reducir las prestaciones que benefician a la clase trabajadora. Vicenç Navarro insiste en la importancia de los ingresos, junto a la austeridad, para poder salir de la situación de crisis. Así pues, recuperar ciertos impuestos como el de patrimonio o el de sucesiones,  sería una importante vía de recaudación con la que poder hacer frente a la crisis económica. Es importante destacar que estos impuestos son progresivos y que inciden en las capas más influyentes de la sociedad. Mientras que los recortes sociales afectan mayoritariamente a las capas populares de la población, una reforma fiscal tendría incidencia en las grandes fortunas y rentas con alto nivel adquisitivo. Esta es la piedra angular de este razonamiento: no se puede salir de la crisis castigando a los más pobres, dado que precisamente son los que más están sufriéndola. El alto nivel de desempleo afecta de forma especial a los trabajadores poco cualificados, cuyo ejemplo paradigmático es la construcción. Si además se recortan las prestaciones sociales, se carga en los hombros de la clase trabajadora las consecuencias del desbarajuste financiero y bancario originario de la situación actual.[1]

Junto a los impuestos, combatir la evasión y el fraude fiscal, de niveles extremadamente altos en España, es otra de las propuestas para reactivar la economía más allá de los planes de ajuste. Un mayor control fiscal es necesario, así como también un incremento del tipo en las rentas del capital, muy inferior al de las rentas del trabajo. También la tasa Tobin sobre las transacciones financieras está siendo por fin puesta sobre la mesa de forma seria, con recientes declaraciones en su favor de importantes líderes europeos.  Se calcula que en España se podrían recuperar 4000 millones de euros.

Una pregunta que se repite sin cesar en los medios de comunicación, pero también entre la población, es la de cuándo se va a salir de la crisis. Pero si continuamos en la misma dirección, el crecimiento no va a venir de la nada. La austeridad puede contribuir a moderar el gasto, pero sin embargo el crecimiento, tan necesario para cualquier tipo de recuperación de la economía, necesita de estímulos más allá de la contención del gasto. Si anteponemos el pago de la deuda ante la creación de empleo y el aumento de la riqueza, la economía difícilmente se va a recuperar. Hasta el momento, las políticas que se están aplicando en Europa, aun en países de gobierno progresista como España, han seguido las directrices de austeridad europeas, impuestas por los gobiernos de Berlín y París de cara a calmar a los mercados. Grecia y Portugal son ejemplos de cómo los planes del FMI y las políticas de recortes y austeridad no han llegado a buen puerto, más bien al contrario. Estos países, a pesar de cumplir con lo que el FMI y la Unión Europea “acordaron” a cambio de conseguir su rescate, todavía continúan estando en una complicada situación económica y financiera, ante lo cual las movilizaciones en las calles están siendo masivas. En otras palabras, las políticas de austeridad impuestas por “Merkozy” no están dando los frutos deseados, habiendo hecho ya una quita de la deuda griega.

El crecimiento de estos países, principalmente de Grecia, parece tener un futuro muy lejano. En menor medida, las políticas de austeridad que el gobierno del Estado español ha llevado a cabo para alejar el fantasma de los mercados y asegurar que podríamos pagar la deuda, tampoco están teniendo ningún resultado positivo. La reforma laboral, la cual desprotegió a los trabajadores facilitando los despidos, no ha llevado a la creación de más empleo, sino que las cifras de paro no dejan de aumentar. Pero aún así España e Italia siguen bajo el yugo de los mercados, del temor de la rebaja de la deuda y de los ataques especulativos.

Ante este panorama, ¿no parece razonable un cambio de paradigma? Como cualquier medicina, si constatamos que no funciona, tal vez habría que cambiar de tratamiento. Las políticas de austeridad y disminución del gasto no están contribuyendo a un crecimiento de la economía, sin el cual nunca podremos salir de la crisis. Por mucha austeridad que se imponga, si la población no tiene trabajo difícilmente aumentará su gasto y consumo, de manera que las empresas y comercios continuarán cerrando, sin ingresos, y la economía no se reactivará. Más allá de instaurar incentivos fiscales para las empresas y para la contratación, éstas necesitan consumidores para sus productos, o de lo contrario no saldrán adelante. No tiene sentido disminuir los costes laborales mediante congelación o disminución salarial y facilitar el despido cuando los bajos sueldos o el desempleo impiden la adquisición de estos mismos productos por parte de los trabajadores. Si los futuribles compradores están en el paro o necesitan sus ahorros para costearse los servicios básicos como son la sanidad, la educación o los cuidados familiares, difícilmente podrán consumir.

Por otro lado, los recortes y despidos en el sector público no hacen más que engrosar las listas del paro. Los países del sur de Europa se caracterizan por tener un estado del bienestar muy poco desarrollado si lo comparamos con el resto de la zona euro. El empleo público es un pilar esencial para la cohesión social, pero sin embargo las medidas de austeridad obligan a congelar la contratación, rebajar los sueldos e incluso despedir trabajadores.

Las políticas de austeridad no son pues la única vía de mejora de la economía. Es hora de hacer una apuesta por el crecimiento de la economía, el bienestar social y sectores productivos sostenibles, con ingresos por vía impositiva y disminución de gasto en ciertos sectores (corona, militar, protocolo, farmacéutico). Ya que el gobierno del PP no lo va hacer, veremos cuál será la respuesta ciudadana en la calle, más allá de los resultados electorales.


[1] Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa han publicado un libro titulado “Hay alternativas”, en el que exponen ideas y soluciones para generar empleo y cohesión social. Se puede descargar en http://www.vnavarro.org/?p=6409

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