Tras varios artículos apelando a la movilización política, estoy muy feliz de poder escribir hoy sobre la llamada “Spanish revolution”, la cual ha tenido mucho eco en la prensa internacional, y sobre todo en las redes sociales (llegó a ser “trending topic” mundial en Twitter). En algunos lugares se nos llama “los Indignados”, haciendo referencia al ensayo que Stéphane Hessel publicó meses atrás haciendo un llamamiento a los jóvenes a que reaccionaran ante la situación de crisis económica y dictadura del capitalismo. Otro de los nombres del movimiento es el de “15M”, por la manifestación convocada a través de redes sociales que el 15 de mayo reunió a decenas de miles de personas en las calles de muchísimas ciudades españolas bajo el lema “Democracia Real Ya! No somos mercancía en manos de políticos ni banqueros”. Esa misma noche unas cuantas personas decidieron acampar de forma espontánea en la Plaza del Sol de Madrid, y también en la Plaza Catalunya de Barcelona. Así comenzaron las acampadas que en los días siguientes se fueron propagando por muchas otras ciudades. Las personas que las componían –y que todavía las componen- eran muy diversas, de un espectro ideológico amplio y con tendencias políticas muy variadas. De hecho, el movimiento es apartidista y asindical, y una de las insignias que más se repiten es la de “nadie nos representa”. Se culpa a los políticos actuales de no escuchar a los ciudadanos y de tomar decisiones beneficiosas para los bancos y para los mercados, mientras que la población de a pie es la que tiene que pagar una crisis que precisamente fue originada por el sector financiero y bancario. Bajo esta posición común se encuentran visiones más moderadas, partidarias de redactar unos mínimos que pedir a los políticos (reforma de la ley electoral[1], control sobre la banca, eliminación de las últimas reformas neoliberales del gobierno español…); y otras posturas que consideran que el sistema capitalista es el culpable de la actual situación de precariedad laboral, paro e individualismo, por lo que buscan proponer un nuevo modelo de sociedad desde la propia sociedad civil dejando a un lado a la clase política. También hay latente en Barcelona un conflicto identitario sobre el uso de la lengua (castellano/catalán) y el derecho a la autodeterminación.
Pronto las asambleas de las acampadas empezaron a crecer y con ellas la creación de comisiones de todo tipo: de contenidos, de cocina, de salud, de medio ambiente, jurídica, de acción, de difusión, de infraestructuras, de economía… Se creó un entramado increíble de personas con ganas de cambiar las cosas. Las acampadas también iban tomando forma: carpas, stands, bibliotecas, cocina, centenares de pancartas, dibujos y lemas por todas partes… A pesar de ser la acampada de Madrid (Sol) la más conocida, yo puedo hablar en concreto de la acampada de Barcelona (#acampadabcn, tal y como se ha dado a conocer), porque es la que yo estoy viviendo. La actividad política en la acampada del centro de la ciudad era increíble, cada día que pasaba más personas se acercaban a ver qué se estaba construyendo allí, y encontraban miles de jóvenes y no tan jóvenes discutiendo sobre el poder de la banca, sobre la reforma laboral, sobre el negro futuro de la Unión Europea… La realidad de Barcelona parecía una completamente nueva en la microesfera de Plaza Catalunya. En vez de estar comprando en grandes cadenas comerciales, la gente se acercaba a escuchar conferencias, debates, a tocar música o a plasmar su indignación en pancartas o murales. Para cada día el plan es más o menos el siguiente: reunión de las distintas comisiones por la tarde, cacerolada a las 21h, y asamblea después. Durante todo el día hay programadas charlas, actividades, conciertos… También se han centralizado en Plaza Catalunya las protestas de los distintos movimientos en lucha (trabajadores despedidos, estudiantes, deshauciados…), para darles más apoyo y poder unir nuestras fuerzas.
Es emocionante asistir a asambleas de ocho mil personas donde se deciden cuestiones logísticas, se expone lo que han hecho las comisiones o se buscan consensos para llegar a unos mínimos comunes; cuando toda la plaza calla para guardar un minuto de silencio por la represión en Siria o cuando recibimos muestras de apoyo desde la Plaza Tahrir. Los países que han dado apoyo a la #spanish revolution han sido muchos, llegando a haber asambleas en casi todas las capitales europeas, pero también en muchos otros lugares del mundo (ver http://www.thetechnoant.info/campmap/).
Una vez que las acampadas se han estructurado, dotarlas de contenido concreto es bien difícil, dada la variedad ideológica de la que he hablado antes y del método asambleario que usamos. La prensa en seguida pedía saber “qué pedían los acampados”, pero no se puede redefinir un sistema político en una semana. Vamos poco a poco porque vamos lejos, queremos cambiar muchas cosas y para eso las comisiones trabajan duro para llegar a acuerdos y hacer realidad las ideas que se van proponiendo, a pesar de las divergencias. Más allá de los logros políticos que se consigan, el simple hecho de haber sido capaces de unirnos tantas personas es ya de por sí una gran victoria. Yo me siento eufórica al ver tanta gente movilizada y preocupada por la política, debatiendo e interesándose por cómo podría ser un mundo mejor. Los métodos de trabajo, las asambleas, el respeto por los demás también es una herramienta importante que va a ser muy útil en el futuro. Y es que puesto que no se puede mantener de forma indefinida un campamento en el centro de una ciudad como Barcelona, se ha decidido dejar de dormir allí y usar el espacio como punto de difusión e información, así como celebrar asambleas tres veces por semanas en vez de cada noche. La idea es descentralizar el movimiento a los barrios y pueblos, donde se están creando asambleas multitudinarias, y reunirse en Plaza Catalunya una vez por semana. El movimiento continuará, aunque ha pasado el boom inicial (llevamos más de tres semanas), porque ha cambiado la conciencia colectiva y se han creado unas redes de contactos entre asambleas y movimientos sociales muy valiosas. Los espacios de debate en los barrios van a ir cogiendo fuerza progresivamente para acabar siendo el relevo de la Plaza Catalunya. En lo que respecta al conjunto de España, las acampadas/asambleas continúan en muchísimas ciudades y pueblos, con fuerza y voluntad de seguir adelante.
Para continuar con las movilizaciones, el día 15 de junio se aprueba en Catalunya una ley que recortará derechos sociales a la población (sanidad y educación, sobre todo), y se pretende acampar en el Parlamento para pararla. Por otro lado, el día 19 se ha convocado una gran manifestación a escala mundial –take the square, “la calle es nuestra, no pagaremos su crisis”- que se espera que sea multitudinaria. El ejemplo de Grecia y la plaza Syntagma nos da fuerzas, porque al fin y al cabo somos los ciudadanos los que debemos decidir cómo queremos que sea nuestra democracia. Y espero que podamos hacerlo.
Pagina web de la acampada de Barcelona: http://acampadabcn.wordpress.com/
[1]La ley actual se diseñó en la predemocracia española, en el año 1977, para que fuera aprobada por las Cortes Franquistas. Usa el método d’Hondt, en que una persona no equivale a un voto sino que se modifica en función de la población del distrito electoral, y dificulta a los partidos pequeños estatales la obtención de diputados. En definitiva, favorece el bipartidismo de los grandes partidos.