
Nací en el paisaje volcánico y violento de la ciudad de México, perdida entre las rocas negras y el asfalto forjé un carácter risiblemente grave así como una calma frenética. A los dieciocho me di a la fuga y aterricé en la ciudad donde las plantas quedaron fosilizadas en las piedras a mediados del siglo XIX. Ahí en cada esquina las imágenes y las palabras brotan de las paredes y las salas oscuras. En aquella ciudad descubrí los meandros del cine, aquí algunas de mis reflexiones al azar de los hallazgos, con el deseo de compartir esta errancia cinematográfica.